Exposición Creatura, Dayron Gallardo

Exposición Creatura

Dayron Gallardo

09.04.2026

Galería Galiano

He seguido a Dayron desde aquellas primeras señales en La Habana. En una muestra colectiva de 2018 ya aparecía una pieza titulada Nuevos caminos. Ahí se intuía una inclinación hacia la imagen suspendida, hacia la forma como campo de tensión y no como simple descripción. Poco después, en Muere un rey entre fuentes y jardines, esa dirección se hizo mucho más visible.

Yo mismo había señalado entonces su interés por el medio natural, por las formas orgánicas, por los frutos en descomposición, los insectos, las raíces y esas materias que suelen permanecer ocultas bajo la tierra o bajo las rocas. Ese núcleo sigue vivo en Creatura. No ha sido una desviación. Ha sido una línea de trabajo persistente.

Por eso Creatura no me interesa como irrupción repentina. Me interesa como un paso más. Un paso firme. Un paso, además, de ampliación. Dayron no solo reafirma aquí una gramática propia. También la tensa. También la pone a prueba. En esta exposición hay una continuidad muy clara con sus búsquedas anteriores. Siguen ahí la materia en trance, la forma ambigua, el organismo sin especie fija, la sensación de latencia. Pero ahora el pintor empuja todo eso hacia una zona más densa, más corporal y más riesgosa. La imagen ya no se limita a sugerir un paisaje interior o una naturaleza transfigurada. La imagen se vuelve entidad. Se vuelve presencia. Se vuelve casi un cuerpo en proceso de emerger.



Ahí radica una parte sustancial de su validez. Dayron ya tiene mundo. Tiene un repertorio formal reconocible. Tiene una iconografía que no depende del capricho ni del efecto fácil. Sus anillos, cavidades, membranas, masas encendidas y núcleos oscuros no aparecen como adornos. Funcionan como piezas de una sintaxis. Esa sintaxis le da unidad a la exposición y le da espesor a la trayectoria. Uno puede entrar a la muestra por cualquiera de sus piezas y reconocer de inmediato una misma respiración visual. Eso no es poco. En un contexto donde tantos artistas cambian de piel con rapidez para parecer actuales, Dayron ha preferido profundizar en sus propias obsesiones. Esa fidelidad le ha dado peso.



Ahora bien, Creatura vale también por otra razón. Aquí hay experimento. Aquí hay desplazamiento técnico. Estas piezas en óleo introducen una novedad apreciable dentro de su recorrido reciente. El óleo le permite a Dayron otra clase de espesura, otra clase de combustión, otra clase de transición entre fondo y forma. La superficie gana en vibración. Gana en respiración interna. Gana en una cualidad casi epidérmica que intensifica la lectura orgánica de las obras. No veo ese uso del óleo como un simple cambio de material. Lo veo como una decisión que acompaña el sentido mismo de la muestra. El óleo, en sus manos, favorece la mutación lenta, la densidad atmosférica, la aparición gradual de la imagen. Favorece, en suma, esa gramática de la metamorfosis que su obra venía buscando desde hace años. Esta vez la encuentra con mayor contundencia.

Por eso me separo del elogio desbordado. No necesito decir que Dayron ocupa ya un lugar culminante en toda la historia de la pintura cubana. Esa frase no ayuda a mirar mejor. Lo que sí puedo afirmar es otra cosa. Creatura consolida a Dayron como una de las voces más consistentes de su generación. La exposición confirma un lenguaje. Confirma una disciplina. Confirma una visión. Y añade algo nuevo. Añade riesgo material. Añade un paso técnico y sensorial que expande lo que ya conocíamos de él. Ahí está su verdadero mérito.


Tampoco diría que estamos ante una obra cerrada o intocable. Sería injusto con el propio Dayron. Lo más vivo de esta exposición está en que todavía empuja, todavía busca, todavía no se conforma con su propia eficacia. Algunas soluciones visuales persisten. El fondo umbrío. La entidad central. El halo. La forma suspendida. Todo eso sigue funcionando. Todo eso sigue seduciendo. Pero ahora aparece atravesado por una materia más compleja, más untuosa, más vulnerable incluso. Esa vulnerabilidad le hace bien a la obra. La saca de la mera fórmula. La lleva hacia un estado más abierto.

Mi lectura, entonces, es esta. Creatura no representa una ruptura con el Dayron que ya conocíamos. Representa una intensificación. Representa un avance. Representa la entrada en un momento de mayor madurez, porque la continuidad ya no se sostiene solo por la repetición de un imaginario, sino por la capacidad de renovarlo desde dentro. Eso es lo que importa en esta muestra. No la hipérbole. No la consagración prematura. Importa el hecho de que Dayron ha dado un paso más y que ese paso se nota en la pintura misma.

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