Yo y el otro

Diálogo sobre un diálogo · Marta María Pérez Bravo, Jesús González de Armas, Alejandro Jurado, Antonio Gómez Margolles


Hay exposiciones que no necesitan levantar demasiado la voz. Diálogo sobre un diálogo pertenece a ese tipo, propone una idea precisa sin forzarla, y su mayor acierto está en reunir obras que no fueron hechas bajo una misma urgencia ni en un mismo momento, pero que al encontrarse permiten mirar el dibujo como un territorio vivo. No como boceto ni como género menor. Como una forma de pensamiento.

Uno de los gestos más interesantes de la curaduía de la muestra es poner en relación obras de colección de Marta María Pérez Bravo y Jesús González de Armas con trabajos más recientes de Alejandro Jurado y Antonio Gómez Margolles. Esa decisión evita una lectura histórica rígida, ese antes-y-después que tiende a ordenar generaciones como si fueran escalones. Lo que aparece en cambio es una conversación entre tiempos distintos, donde cada obra vuelve a activarse al quedar cerca de otra.


En los dibujos de Jesús González de Armas la línea parece venir de un lugar frágil. No busca describir con exactitud. Se mueve entre manchas, ramificaciones, restos de vegetación, señales apenas visibles, y algo se reconoce sin acabar de nombrarse. Esa delicadeza encuentra un contrapunto en las piezas de Alejandro Jurado, donde la naturaleza ya no aparece como insinuación sino como expansión. Sus formas crecen, se cruzan, se acumulan. El jardín deja de ser un motivo amable y se vuelve una energía que ocupa la superficie casi por necesidad.

La relación entre ambos funciona porque no fuerza semejanzas. En Jesús el trazo parece próximo a la desaparición; en Alejandro avanza hacia la densidad. Uno retiene. El otro empuja. Y es en esa diferencia donde el diálogo gana claridad, no donde los une.

Algo parecido ocurre con Marta María y Margolles. Las obras de Marta María introducen un dibujo más contenido, hecho de signos, círculos y estructuras que parecen organizar una tensión interior. No son imágenes frías. Tienen una carga simbólica y corporal que se sostiene desde muy pocos elementos. Margolles trabaja también desde la estructura, pero la lleva hacia otro terreno: sus formas geométricas parecen estables al principio, y pronto aparecen pequeñas desviaciones, marcas, desplazamientos que rompen cualquier idea de orden absoluto.


El montaje colabora en todo esto sin hacerse notar demasiado. La casa, con sus escaleras, muros amplios y entradas de luz, permite que las obras respiren sin quedar atrapadas en grupos cerrados. Se ven desde lejos, se descubren al girar una esquina, aparecen junto a una puerta o acompañan el movimiento del cuerpo por el espacio. Esa escala doméstica le da al dibujo una cercanía que los espacios institucionales raramente permiten.

Diálogo sobre un diálogo acierta porque no convierte la colección en archivo inmóvil. Las obras de Marta María y Jesús no están ahí como piezas consagradas que deben contemplarse desde la distancia. Vuelven a hablar, pero lo hacen al entrar en contacto con artistas que trabajan desde otras preocupaciones y otros ritmos. Una obra de colección no tiene por qué quedar detenida en su época y puede seguir produciendo sentido cuando se la coloca junto a otras imágenes, cuando se le permite discutir con el presente. Ahí está quizás la mayor virtud de esta muestra. No busca cerrar una lectura sobre el dibujo. Busca abrir una conversación donde cada línea conserva su diferencia.


Diálogo sobre un diálogo · Artistas: Marta María Pérez Bravo, Jesús González de Armas, Alejandro Jurado, Antonio Gómez Margolles

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