Duvier del Dago

29.04.2022

Galería René Valdés

Tomo como punto de partida para disfrutar esta muestra, desde la distancia, las palabras de la especialista Sandra García: “Duvier comenta e ironiza sobre su contexto, por momentos roza lo clandestino de una opinión no oficial, protagoniza la historia para contárnosla. El cuerpo femenino, como significante asociado a Cuba, ha sido una constante en la obra de este artista, que ahora retoma la alegoría y, a partir de una revisión del ícono, genera nuevas narraciones, cuál capítulo de la historia actual de su país”. Estas palabras responden a “La Historia es de quien la cuenta” del propio artista Duvier del Dago, en la Galería Artis 718 en 2016. Casi 6 años después, la galería santiaguera René Valdés le brinda un espacio a la obra de este artista, quien agradece con una exposición de alto nivel estético y visual. Parto de esta cita, pues nuevamente es la figura femenina alegórica a Cuba, la que tiene el protagonismo.

Una figura se erige en el centro de la sala, con la técnica perfeccionada de escultura/instalación con hilos y luces, el artista recrea, desde lo simbólico, las teorías sociales sobre el panóptico de Michel Foucault. Según este “la estructura de tipo panóptico en la que algunos agentes gozan del poder de vigilar y sancionar el comportamiento del resto sin que estos sean capaces de discernir si están o no siendo vigilados no se limita solo al ámbito carcelario en que Bentham lo imaginó”. Es acaso la posición de esta “República” dentro de la sala, ¿una directa alusión al poder de vigilancia que la sociedad/Estado/Institución realiza sobre cada uno de nosotros? Muchos esgrimirán nuevamente teorías conspirativas sobre lo que el arte expresa o deja de decir. Lo importante es reconocer la constante evolución en la obra de Duvier. Donde desde ahora su estudio en el ISA, experimenta con luces y sombras, dibuja una y cien veces sobre sus realidades, e imparte sus conocimientos a otros.

La disposición museográfica de la presente exposición, juega con esos conceptos que ya es tradicional en Duvier, como otrora hizo en Artis 718, adecuando la galería al espacio de una casa, ahora el cubo blanco integra muebles, mesas, etc. Varios de los dibujos escogidos, representan a esa mujer de cuerpo esculpido, a esa “República” cierta, ahora ya no solo en escenarios de la Habana, se le posando junto a machetes en la Plaza de Santiago o bajo vigilancia, esta vez por drones en un espacio que me recuerda el Presidio Modelo en la Isla de la Juventud. Ella sostiene a Cuba, la isla, la salva, quiero creer.

Otras piezas se ubican en un cierto patrón difícil de descifrar, son sus esculturas o como otros han querido señalar, dibujos convertidos en una especie de holograma que van adquiriendo una tridimensionalidad gracias a luces y la conexión de hilos. Lámparas, candiles, son los soportes que esconden figuras como la palma real, diamantes, otras mujeres que recalco, dan la medida del nivel de detalle y desarrollo que ha logrado Del Dago en estos años.

Me quedo entonces con la fina ironía de Duvier al asociar esta exposición, su museografía con el título. Ahí donde, el espectador se descubre bajo la mirada de una mujer imponente como es la figura centro, cuya sensualidad es finamente descrita a través de signos marcados en la pieza y resaltados con el uso de resinas que responden a la luz ultravioleta, está ese sentimiento del autocontrol de los sujetos debido a la presencia de vigilancia de sus actos. En una época donde, según Foucault, “todas las instituciones actuales tienen de una forma u otra este tipo de organización de vigilancia, donde no es necesario que sea llevado a cabo físicamente, e incluso sin que se lleve a cabo una vigilancia real en algún momento, el hecho de sabernos o creernos vigilados y evaluados va a modificar nuestro comportamiento en los diferentes entornos”, esta exposición sirve para demostrar la libertad de expresar el arte.