Más obras, menos euforia: el mercado de arte contemporáneo según Artprice 2026

Artprice publicó a finales de septiembre su informe anual sobre el mercado de arte contemporáneo, el número 33 de la serie. Cubre las subastas públicas celebradas entre el 1 de julio de 2025 y el 30 de junio de 2026 de obra de artistas nacidos después de 1945, y deja fuera todo lo que se vende en galerías o de forma privada. Hay que leerlo con esa limitación en mente. Aun así es la radiografía más completa que existe del segmento, y este año trae una noticia que llevaba tiempo sin aparecer: el mercado vuelve a crecer.

Crece poco, eso sí. La facturación llegó a 1620 millones de dólares, un 6% más que los 1530 millones del ejercicio anterior. Es la primera subida después de cuatro años de caída, lejos todavía de las temporadas en que el contemporáneo superaba con holgura los 2000 millones. Y tiene letra pequeña: todo el avance se concentró en el segundo semestre de 2025 (+17%), mientras la primera mitad de 2026 volvió a restar un 3%.

Más volumen, mismo precio

Donde sí hay récord es en el número de obras. Se vendieron 207,900 lotes, 17,107 más que el año anterior, y es la primera vez que el contemporáneo pasa de 200,000 en doce meses. El precio medio bajó un 2,5%, hasta 7,806 dólares. Artprice lo resume con una fórmula que repite a lo largo del informe: el mercado está más activo, pero no es más caro.

La estructura de precios lo explica. El 67% de las obras se adjudica por menos de 1,000 dólares y casi el 90% por menos de 5,000, una masa enorme de transacciones que genera apenas el 9% del dinero. En el otro extremo, el 0,08% de los lotes, los que superan el millón, se queda con el 38% del valor.

Conviene, además, poner la recuperación en su sitio. El conjunto del mercado de Bellas Artes subió un 41% en el mismo periodo, empujado por maestros antiguos, arte moderno y posguerra. Number 8, de Jackson Pollock (1912-1956), se vendió por 181 millones; la Danaïde de Constantin Brancusi (1876-1957), por 107. El contemporáneo se quedó al margen. Su cuota en el total cayó al 12%, la más baja desde 2010/11. En 2020/21 llegó al 19%.

Arriba, el club del millón se ha estabilizado: 168 remates por encima de esa cifra, tres más que el año anterior, con un valor un 18% mayor. En 2020/21 fueron 382. Y dentro del club manda un nombre. Jean-Michel Basquiat (1960-1988) firmó las dos obras más caras del ejercicio, Museum Security (Broadway Meltdown), por 52,7 millones, y Crowns (Peso Neto), por 48,3, ambas en Sotheby’s Nueva York. Facturó 141,7 millones en total, más del doble que el segundo del ranking, Yoshitomo Nara (1959), con 56,3. Detrás vienen Peter Doig (1959), George Condo (1957) y Keith Haring (1958-1990).

Tampoco esa cima es euforia. El informe recuerda que el Louis XIV de Jeff Koons (1955) se vendió en mayo un 20% por debajo de lo que alcanzó en 2015, y que America, el inodoro de oro de Maurizio Cattelan (1960), se remató por poco más de lo que vale su metal.

Lo más interesante, a mi juicio, está en la franja media. Entre 10,000 y 50,000 dólares se vendieron 10,443 lotes que movieron 222 millones, el 14% de la facturación. Ese tramo ha multiplicado por diez su volumen en veinticinco años y lleva dos ejercicios quieto en torno a las 10,400 operaciones. Ha absorbido la corrección sin romperse, y es ahí donde se mide la salud del sistema, bastante más que en los titulares millonarios.

La resaca de los menores de 40

El revés está en lo que Artprice llama ultracontemporáneo, los artistas por debajo de los 40 años. Facturaron 58,2 millones, un 27% menos que el año anterior y un 87% por debajo del pico de 2021/22, cuando llegaron a 462 millones. Hoy pesan el 0,4% de todo el mercado de subastas, menos que a principios de los 2000.

La caída es más dura cuanto más alto es el precio. Por debajo de 1,000 dólares el número de lotes apenas se movió frente al pico (-4%). Por encima del millón cayó un 94%: este año hubo cuatro. El remate más alto de esa generación fue de 1,71 millones, por una pintura de Flora Yukhnovich (1990). Artprice lo describe como el final de un ciclo de liquidez abundante y de FOMO, ese miedo a quedarse fuera que llevó obras de artistas jóvenes por encima del medio millón en cuestión de meses.

Las galerías aparecen en el informe como las que marcan el ritmo, y los dos casos elegidos se leen casi como un experimento. Joseph Yaeger (1986) firmó con Gladstone en octubre de 2024, justo cuando debutaba en subasta, y en mayo de 2026 encadenó dos récords en cinco días: 320,000 dólares en Sotheby’s y 477,300 en Phillips. Louis Fratino (1993) hizo el camino inverso. Tras alcanzar 756,000 dólares en 2025 y fichar por David Zwirner en febrero de 2026, sus pinturas desaparecieron de las salas; Zwirner filtra a sus compradores para evitar reventas rápidas. Todo esto con el mercado primario en apuros: Blum, Clearing y Venus Over Manhattan cerraron en el verano de 2025 y Pace anunció una reestructuración en junio de 2026.

Un mapa más ancho e igual de desigual

Estados Unidos concentra el 42% de la facturación (689 millones, +19%) y prácticamente todo el crecimiento del año, aunque dos Basquiat explican buena parte. China cayó un 18%, hasta 287,7 millones, y el Reino Unido se mantuvo en 284,6. Francia apenas pesa un 3% en valor, pero es tercera del mundo en número de transacciones, con más de 20,700. La sorpresa es Corea del Sur, que crece un 68%: una pintura de Nara se remató por 11,7 millones en Seoul Auction, récord absoluto del país, y una Pumpkin de Yayoi Kusama (1929) llegó a 8,1 millones.

El Golfo aspiraba a convertirse en nuevo polo con la primera edición de Art Basel Qatar, en febrero de 2026. La guerra lo frenó. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán del 28 de febrero y la respuesta contra los países de la región, la facturación de Oriente Medio cayó un 28%, hasta 9,1 millones, y la de Emiratos un 88%. Ali Banisadr (1976) vendió en enero por 317,500 dólares en Riad y en abril se quedó sin comprador en una venta en línea de Sotheby’s en Londres.

Con las mujeres artistas los números siguen siendo tozudos. Firmaron el 19% de los lotes y el 14% del valor; en el club del millón, 20 de 168 remates y el 8,5% del dinero. Cecily Brown (1969) es la excepción, con High Society vendida por 9,8 millones, lo que la sitúa décima en el ranking. Entre los menores de 40 la brecha casi desaparece: ellas generan el 43% de la facturación.

El último capítulo se ocupa del Sur Global. La 61.ª Bienal de Venecia, concebida por Koyo Kouoh, sirve de marco, pero los datos van por su cuenta. Anish Kapoor (1954) firmó 9 de los 17 remates indios por encima de 100,000 dólares en el primer semestre. Christine Ay Tjoe (1973) llegó a 2,2 millones en Christie’s Hong Kong, y Murniasih (1966-2006) pasó por primera vez de los 100,000. En América Latina el techo lo pone el arte moderno: El sueño (La cama), de Frida Kahlo (1907-1954), se vendió por 54,7 millones después de haber sido comprada en 1980 por 51,000 dólares. Entre los contemporáneos, Olga de Amaral (1932) alcanzó 3,12 millones, Firelei Báez (1981) superó el millón en Christie’s y Adriana Varejão (1964) vendió por 809,000 dólares en Londres.

¿Y Cuba?

Hay que bajar hasta las tablas finales para encontrarla. Félix González-Torres (1957-1996), nacido en Guáimaro, ocupa el puesto 98 del Top 500, con 2,1 millones de dólares facturados y un máximo de 826,000. Tomás Sánchez (1948) aparece en el 192, con algo más de un millón y un remate máximo de 381,000. Roberto Fabelo (1951) figura en el 445, con 361,320 dólares.

Ninguno de los tres merece una línea en el análisis del informe. Y el caso de González-Torres, que hizo toda su carrera en Estados Unidos, devuelve la pregunta de siempre sobre qué cuenta como arte cubano en estas estadísticas. Para el arte que se produce desde la isla, el mapa de Artprice sigue casi en blanco.

Fuente: Artprice by Artmarket, The 2026 Contemporary Art Market Report, septiembre de 2026. Cifras en dólares estadounidenses, con comisiones incluidas.

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