Colaboración · Galería Carmen Montilla, La Habana Vieja · Mayo 2025
Lázaro Gerardo Valdivia Herrero (Historiador, crítico y curador de artes visuales)
Imágenes: cortesía de la artista.
En 2023, con motivo de la muestra Isabella en confinamiento (exhibida durante un mes en la nave 3 de Fábrica de Arte), tuve mi primera aproximación al trabajo fotográfico de Daylene Rodríguez Moreno.1 Desde entonces, he seguido sus propuestas con especial interés, motivado por la manera en que su mirada intimista aborda determinados espacios. Mi propósito de dialogar con ella –un anhelo seguramente compartido por muchos amantes de la fotografía– pudo concretarse el pasado 15 de mayo en la Galería Carmen Montilla (Oficios Nº 162, e/ Amargura y Teniente Rey, La Habana Vieja), sitio donde fue inaugurada el día 8 su más reciente propuesta, titulada Ella soy yo.2
La cita fue doblemente significativa: primero, recorrer y presenciar juntos las imágenes que integran la exposición, centrada en la indagación de la fotografía estenopeica como recurso expresivo; y luego, conversar sobre su trayectoria profesional que le ha afianzado como una de las principales artistas en el ámbito de la fotografía cubana contemporánea. Durante este encuentro, entre las paredes cargadas de historia de la galería y las piezas que componen Ella soy yo, Daylene compartíó motivaciones, algunos detalles de sus procesos creativos y la manera en que la fotografía se ha convertido en espejo de vida, en reflejo de circunstancias, insistiendo en la necesidad de reflexionar sobre el valor del tiempo para las personas.
Tras ese recorrido inicial por la muestra, la conversación con la artista fluyó con espontánea naturalidad. Más que una entrevista formal, se trató de un diálogo franco y ameno, en el que sus palabras se entrelazaban con mis inquietudes y observaciones, algunas de ellas reservadas en mi mente a lo largo de los últimos tres años. En lo adelante, las preguntas suscitadas no persiguieron el mero acto interrogatorio, sino abrir espacios de descubrimiento y análisis compartido sobre las múltiples dimensiones de su obra.

¿Daylene, cómo fueron tus primeros acercamientos a la fotografía y qué experiencias marcaron el inicio de tu camino artístico, hasta convertir la cámara en tu medio principal de expresión?
Desde joven sentí la necesidad de comunicar, de conectar con las personas y el entorno. Siempre he creído que el contexto es vital para comprender el pensamiento de los seres humanos, de modo que las acciones están marcadas por el tiempo y el lugar en que suceden. Recuerdo que me regalaron una camarita digital con la cual empecé a hacer fotos sobre mi cotidianidad, sin la pretensión de obtener imágenes artísticas. Luego, me percaté que en mis manos tenía algo más que una simple cámara. También era una herramienta que brindaba la posibilidad de expresarme y relacionarme con la gente a mi alrededor.
Incursióné en la fotografía callejera, intentando captar, como dijera Henri Cartier Bresson, el instante decisivo, ese momento fugaz y único en el que la realidad ofrece una composición sui géneris que puede llegar a ser trascendente. En esa etapa de mi vida me llamaron la atención los perros callejeros, personajes que formaron parte de la serie Ángeles de las calles (premiada en 2006). Estos seres condensan múltiples capas de significado y realidad urbana, dependiendo del cristal a través del cual se miren. Son, tal vez, testigos «mudos» del entorno, pues su presencia habla de la ciudad misma, de sus ritmos y contrastes, así como de la relación humano-animal en el espacio público. Pero también me interesaba el aspecto emocional. Frente al bullicio antrópico los perros transmiten soledad y ternura, generando un contrapunteo que intensifica la carga poética de la imagen.
A partir de ahí mi obra siguió sus propios derroteros dentro del mundo del arte, caminos no siempre llanos, pero que siempre se asumen con entereza. Comencé a participar en concursos y a exponer dentro y fuera del país, incluida una experiencia de Alemania, donde fui merecedora de una beca que incluía una exposición y la edición de un libro. Mi trabajo también llegó a España y Estados Unidos; en este último país tuve la oportunidad de participar en la presentación colateral de la 14ª y 15ª ferias de arte ArtBasel Miami Beach, celebradas en 2015 y 2016, respectivamente.
A lo largo de estos veinte años de carrera la fotografía digital me ha conducido como compañera de viaje. Cuando miro al pasado y me visualizo en mis inicios, soy consciente de la evolución que he experimentado como artista, porque siempre trato de buscar más allá de lo aparente. Ese soplo de inconformidad suele tener buenos resultados cuando nos planteamos nuevas metas, sin renunciar a nuestro sello de identidad.

Tus series también dialogan con la introspección femenina, la memoria y la identidad. ¿Para ti, qué papel juega la fotografía como herramienta de autoconocimiento y como puente para conectar con historias colectivas?
Cuando estamos inmersos en el acto creativo o de investigación, hay un primer momento, un primer eslabón que es la identificación de la necesidad de contar o reaccionar ante un estímulo. Sé que hay personas que al ver mi trabajo pueden establecer analogías y sentirse identificadas de numerosas maneras. Eso también es una parte importante en la vida activa de la obra. Sin embargo, yo como artista no puedo determinar cómo debe ser ese diálogo interactivo, porque hay un punto de «emancipación» justo cuando ocurre la puesta en escena y el creador se desprende momentaneamente de su obra.
Pero está claro que los seres humanos coincidimos en la vida, sobre todo en momentos en los que nos sentimos vulnerables. Y este pensamiento lo asocio con el tópico de la memoria y la identidad. Mira, ambos criterios son fundamentales en mi quehacer artístico, porque el arte también se trata de eso, de tejer la trama del recuerdo y convertirla en bitácora de viaje rumbo al mañana. Cuando mencionamos la palabra identidad nos viene a la mente todo aquello que nos define como personas: ancestros, niñez, familia, hogar, escuela, profesión, sentimientos, etc. Pero esa construcción de lo que somos no es inmutable, pues cada día incorporamos nuevos componentes a la obra mayor, que es la obra de la vida y lo identitario.
Me preguntas por la introspección femenina y puedo responderte que me motiva la idea de la contemplación íntima. Prescindir del artefacto tecnológico obliga a mirar hacia lo esencial, lo que sabemos que es invisible a los ojos. Me refiero a los sentimientos, la psicología y la fuerza interior. Al ver una imagen borrosa, comprendes que es el resultado de una prueba, donde el ensayo y el error tienen cabida porque también pueden transmitir mensajes. Lo que se oculta y lo que se revela me permite mostrar cómo la mujer se piensa y se percibe a sí misma en el suceso fotográfico.


En la exposición Ella soy yo el público puede apreciar imágenes obtenidas en tu espacio creativo ubicado en la Facultad de Artes Visuales del ISA. Estas fotos, logradas mediante la técnica estenopeica3, son resultado de un proyecto de investigación-creación desarrollado a partir del uso de cámaras de gran formato hechas a mano, las cuales posibilitan exposiciones prolongadas donde la percepción de la luz, el espacio y el tiempo está signada por la distinción de tiempo y temporalidad, categorías que para ti difieren desde el punto de vista conceptual. ¿Qué puedes comentarnos sobre la idea general y curatorial de la exposición?
Así es. En la exposición se exhibe parte del trabajo realizado con la fotografía estenopeica en la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes (ISA), proyecto que nace a raíz de mi entrada a este centro como estudiante en 2022. La principal estimulación al utilizar esta técnica radica en la necesidad de ralentizar los tiempos, retornando a los orígenes de la fotografía. En aquel entonces el tiempo de revelado se percibiía como un acto casi ritual, donde la espera paciente permitía que la imagen emergiera lentamente dejando margen al asombro.
Ella soy yo está integrada por varios conjuntos de fotos, cada uno con su propia historia, entre ellas las primeras imágenes obtenidas en mi espacio de creación en la escuela (la cúpula). Desde ese momento comencé a utilizar varias cámaras (hasta 104) dispuestas frente a un mismo escenario con diferentes tiempos, lo cual origina, desde mi perspectiva, que la escena esté en constante transformación, pero sin modificar su esencia. Mis objetos y mi cuerpo son motivos recurrentes en mi obra, elementos que me permiten meditar y transmitir mensajes sobre diversos aspectos de la realidad. Acudir a ellos es también una forma de autorrepresentación, trasládandome conscientemente a la identidad que define mi ser. Entonces, asumo que estas imágenes son reflexiones sobre mí misma, mostrando la doble condición del fotógrafo como sujeto que observa intuitivamente y como objeto inscrito en la propia imagen.
Mi espacio creativo en la Universidad de las Artes es un lugar esencial de mi cotidianidad. Allí no solo creo imágenes, también escribo y organizo ideas de cara a futuros proyectos. La Universidad de las Artes, como ecosistema cultural, es un lugar privilegiado para la docencia y la investigación, pero también para la creación artística. Cuando pensamos en esta exposición siempre tuvimos presente el objetivo de no mostrar el trabajo de forma convencional o aleatoria, sino más bien de hilvanar una narrativa que vinculara varios elementos de interés, entre ellos las singularidades de uno de los conjuntos arquitectónicos más notables del siglo XX cubano, diseñado en la década de 1960 por el cubano Ricardo Porro y los italianos Roberto Gottardi y Vittorio Garatti. Quería representar la mayor cantidad de escenarios posibles: cúpulas, fachadas, zonas de tránsito, talleres, la plaza y las aulas, pero relacionándolos con mis vivencias y maneras de conectar con esos lugares. Particularmente me interesaba abordar la relación entre la línea curva predominante en esta arquitectura y la naturaleza sensual y delicada del cuerpo femenino, evocando esa metáfora del movimiento a través de una museografía distanciada del modo tradicional en que suelen mostrarse las fotografías sobre un soporte bidimensional. La idea era, básicamente, reinterpretar el diseño de la planta arquitectónica de la facultad y traerlo al espacio de la galería.
Entre los espacios trabajados para mi investigación de culminación de estudios5, se encuentran, además de la Facultad de Artes Visuales del ISA, el edificio de apartamentos donde resido (para la serie Dentro y fuera), la Casa Familiar de Matanzas (para la serie El mundo de Karoline6), el asilo Santovenia (para la serie Aliento de cenizas7) y las Minas de Matahambre (para la serie Seis por seis más uno). Por eso veo la exposición como la posibilidad de mostrar todo el trabajo realizado hasta ahora, no solo el desarrollado en el marco de la tesis de graduación.



En sentido general, Ella soy yo articula una investigación sobre el tiempo, donde memoria y experiencia se superponen en el espacio que habitamos. Me interesa un diálogo cercano entre el cuerpo y la arquitectura a través de la fotografía estenopeica. Más que un título –como afirmara la curadora de la muestra, Maybel Elena Martínez– Ella soy yo «es el reconocimiento de una identidad en constante construcción, en el acto mismo de soltar y habitar».8
Ella soy yo también cuenta con la participación de tus hijas Jennifer e Isabella Ruiz Rodríguez como artistas invitadas, quienes han seguido tus pasos en el mundo de la fotografía. ¿Qué significado tiene para ti el hecho de haber compartido el espacio expositivo junto a ellas?
Jennifer es graduada de la Academia San Alejandro y actualmente cursa el último año en la Facultad de Artes Visuales del ISA. En junio presentará su exposición como ejercicio de culminación de estudios en la galería La Nave, oportunidad donde podrá apreciarse su trabajo experimental con las técnicas de lumiprint9 y quimigrama10. Ella no parte de un papel fotográfico en blanco, pero deja que la luz opere en función de un resultado sobre el cual llega un momento en que pierde el control. La idea cuestiona de alguna manera la noción tradicional de la fotografía como registro fiel de la realidad, convirtiéndola en un acto performativo y experimental que bosqueja la materialidad y su capacidad de reinvertirse como expresión plástica. Así se abre un campo de libertad creativa donde el azar, la química y la destreza del artista logran combinarse para producir imágenes que poseen en su código genético tanto la cualidad fotográfica como pictórica.
Las piezas de Jennifer que forman parte de la exposición muestran precisamente parte de su labor experimental con el uso de los químicos revelador y fijador para intervenir el papel fotográfico; y luego los coloca bajo el sol, obteniendo imágenes en constante transformación. De hecho, si hoy observas con detenimiento estas fotos y regresas otro día, notarás que son obras distintas, pues la incidencia de la luz sobre las superficies provoca cambios cromáticos. Ella también está experimentando con soportes no convencionales, como el papel de lija, utilizado para trabajar la fotografía con emulsiones y otros productos.
En el caso de Isabella, puedo comentarte que ella proviene del mundo del ballet, aunque también ha manifestado interés en la fotografía. La obra de su autoría que forma parte de la muestra reverencia la fragilidad y delicadeza del arte danzario (imagen de las zapatillas), desde la construcción alegórica de una escena que también alude lo antiguo (representado en la imagen del cañón), defendiendo un concepto sustentado en la metáfora de resistencia de lo bello.
La participación de Jennifer e Isabella en la exposición tiene para mí, lógicamente, una gran connotación. No se trata solo de mostrar mi trabajo, sino también de compartir tres visiones fotográficas donde la pluralidad de voces aporta diversidad de perspectivas y estilos. Desde el punto de vista de transmisión generacional, creo que la fotografía tiene la noble capacidad de establecer espacios de (re)encuentro y construcción colectiva. En ese sentido, quizás podríamos hablar de confluencias intergeneracionales, porque, aunque cada una de nosotras tenga sus propias inquietudes, coincidimos en el reconocimiento de la fotografía como medio eficaz para comunicar.

¿Cómo concibes el tratamiento y diferenciación del tiempo y la temporalidad y cómo logras canalizar esta dualidad a través de la fotografía estenopeica?
Desde las fronteras de la fotografía estenopeica, lo realmente interesante no es diseñar una idea preconcebida, sino dejar que el resultado final me sorprenda. Si yo tuviera una expectativa de cómo quedarían las fotos, entonces para eso sí tendría que emplear una ecuación (definir distancia entre el estenopo y el papel, profundidad, diámetro del estenopo, qué ISO11 tiene ese papel, etc.). Mi interés se centra en conectar con el momento y con la acción, convidando a la pausa necesaria en un mundo agitado y convulso donde pasamos por alto la importancia de poner nuestra energía y concentración en las cosas que hacemos.
No me motivan la prisa ni la perfección de la imagen. He aprendido a disfrutar y valorar los aportes del error, en tanto recurso cognoscitivo dentro de la fotografía estenopeica. Aquello que luce poco nítido ante las miradas de las personas, indiscutiblemente puede iluminar caminos de conocimiento al convertir lo imprevisto en un hallazgo fabuloso y redimensionar los criterios estéticos en torno a lo visual. Cada una de las fotos que ves aquí son únicas e irrepetibles, porque son el resultado de un proceso artesanal donde influyen diferentes factores. En la fotografía estenopeica no existe un control extremo ni una reproducción mecánica exacta, por eso cada imagen depende de la interacción entre la cámara oscura y su entorno específico.
Los errores, variaciones e imperfecciones terminan convirtiéndose en huellas de autenticidad, en marcas que le confieren a la obra un espíritu irrepetible. Más que perseguir la fotografía como objeto, me inspira la introspección, el deseo de reflejar la fragilidad del tiempo y la subjetividad de la mirada, otorgando a cada escenario una cualidad estética distintiva.
Como bien comentas, yo establezco una diferencia entre el tiempo de la temporalidad. Desde el punto de vista filosófico, el tiempo podemos entenderlo como medida objetiva y lineal (cronológica); mientras que la temporalidad expresa la vivencia intrínseca de ese transcurso, profundamente condicionada por elementos como la memoria, las emociones y la espera. En la fotografía estenopeica esta diferencia se hace evidente al considerar que el tiempo se materializa, por ejemplo, en la duración concreta de la exposición o en las horas dedicadas a la obtención de las imágenes. Sin embargo, la temporalidad juega más con dos experiencias (la mía como fotógrafa y la del espectador), atravesadas por las formas particulares de asumir la incertidumbre y la contemplación del proceso. Cada ser humano maneja la percepción temporal según su condicionamiento, fenómeno intangible que no puede medirse analógicamente.
Todos los espacios no brindan la misma temporalidad, y ese detalle lo descubres al llegar a ellos con las cámaras estenopeicas. Cuando experimentas tu tiempo en lugares como el asilo Santovenia, por citar un ejemplo, descubres que en estos espacios la temporalidad es progresiva, regida por horarios y por una disciplina meridiana. Para mí las áreas del ISA brindan una temporalidad distinta, porque cada acto creativo lo descubro no en sentido lineal, sino circular; me regocijo en el proceso y espero porque esa sorpresa que te mencionaba regrese a mí en forma de imagen natural. Ese ir y venir de sensaciones es esencial en mi trabajo.




En la Universidad de las Artes (ISA) también eres la coordinadora del Taller Experimental de Fotografía Estenopeica El latido del tiempo, espacio de cocreación y aprendizaje mutuo, en el que se invitan a especialistas a interactuar y brindar sus impresiones. ¿Qué valor educativo y creativo encuentras en compartir tus experiencias acerca de la fotografía estenopeica, y cómo consideras que esta técnica transforma la manera de mirar y comprender la imagen fotográfica?
El Taller Experimental de Fotografía Estenopeica es otro capítulo importante de mi carrera, por la posibilidad de amplificar mi investigación y establecer dinámicas de retroalimentación con los estudiantes. Me ha permitido extender lo que en principio fue concebido como iniciativa individual, transmitiendo la experiencia a un colectivo de personas con códigos peculiares a la hora de entender la fotografía en su doble condición (técnica y artística).
Los participantes del Taller son de diversas procedencias y presentan motivaciones particulares. Desde estudiantes de posgrado y curadores, hasta doctorantes y críticos de arte, cada uno atesora un universo vivencial que aguarda ser descubierto mediante la fotografía estenopeica. Y debo confesarte que, personalmente, me interesa hablar no solo de la técnica, sino, sobre todo, de la esencia de la fotografía, de su génesis. ¿Cuál es el principio de la fotografía? ¿Cuál es la función de la luz y cómo opera bajo diferentes condiciones? ¿Cuán importante es respetar los tiempos de revelado y no adulterar la alquimia en cada procedimiento? De lo que estoy hablando es del reconocimiento del principio fotográfico, de su esencia basada en la luz, el tiempo y la pericia del artífice.
A los talleristas se les sugiere relacionarse con el espacio desde la autoconciencia, despojándose de todo artificio mecánico o electrónico como fundamento de las nuevas técnicas en fotografía. Aquí media un aprendizaje experiencial y didáctico, con fines que superan lo puramente técnico y estimulan el pensamiento crítico. Pese a que el Taller parte de un proyecto personal, siempre insisto en la idea de que cada participante debe buscar y hallar su propia poética en el espacio compartido.
Te cuento una anécdota: fuimos invitados a compartir nuestra experiencia en el evento Noviembre fotográfico en su 19.ª edición; pero el Taller aún no había concluido, solo habíamos llegado hasta la parte de los negativos. Aun así, decidimos mostrar los resultados parciales hasta esta fase y la recepción fue bastante positiva. Posteriormente tuvimos la exposición de cierre del Taller en una de las grandes cámaras estenopeicas que yo había construido durante la ejecución de la tesis, bautizada como Espacio Memoria ISA. Allí se mostró el trabajo individual de los talleristas, donde se apreciaba cómo manejaron sus propias temporalidades.
Compartir experiencias acerca de la fotografía estenopeica tiene un gran valor educativo y creativo, principalmente porque convierte la práctica en un espacio de reflexión colectiva. Mientras narramos procesos, errores y hallazgos, los participantes descubren que esta técnica nos coloca en capacidad de pensar la imagen desde la paciencia y la experimentación. Cada relato nos ofrece la posibilidad de discernir cómo la luz, el tiempo y la materia se funden en el proceso de construcción fotográfica. También es válido reconocer que el intercambio de experiencias estimula la creatividad, ya que compartir vivencias en torno al procedimiento estenopeico no solo enriquece el aprendizaje técnico, sino que fortalece la dimensión comunitaria del arte.



Daylene Rodríguez Moreno es una artista que siempre se encuentra inmersa en nuevos proyectos. ¿Puedes compartirnos algunos de ellos, pensando en un futuro inmediato?
En estos momentos estoy trabajando en el resto de las escuelas de la Universidad de las Artes, con la finalidad de expandir el proyecto de investigación-creación centrado en la fotografía estenopeica. Me sigue interesando la arquitectura de estos inmuebles, sus maneras singulares de conversar con el entorno natural y las personas. Para mí tiene un valor indiscutible lo que Porro, Gottardi y Garatti legaron a la cultura cubana, y me alegra que podamos ser parte de esa historia en el siglo XXI, junto a alumnos y profesores, desde las aulas y los espacios públicos del ISA. Fotografía, memoria y arquitectura continúan estando en mi horizonte creativo. Siempre encontraremos maneras diferentes de decir, de ilustrar momentos y emociones. Pero estos tres elementos seguirán trazando la ruta de mi trabajo fotográfico. Vendrán nuevas exposiciones y colaboraciones, sin dudas. Por lo pronto, Ella soy yo permanece disponible en esta maravillosa galería, a la espera de que nuevas voces y miradas descubran la magia de la fotografía estenopeica.
Sobre la artista
Daylene Rodríguez Moreno es artista visual, fotógrafa y docente, egresada de la carrera de Artes Visuales en la Universidad de las Artes de Cuba (ISA). En su amplio itinerario profesional que supera las dos décadas, destacan más de cincuenta exposiciones personales y colectivas en Cuba y otros países, muchas de ellas organizadas en el contexto de importantes eventos artísticos como la Bienal de La Habana (en la cual ha participado en cinco ocasiones). Ha presentado su obra en el Museo de Arte Venanzo Crocetti (Roma), la Casa de América (Madrid) y el Museo de Arquitectura de Shanghái. Su obra forma parte de colecciones institucionales y privadas en Cuba, Europa, Estados Unidos, América Latina y Asia. Ha sido merecedora del Premio de Artes Visuales Roberto Diago Querol y del Premio Especial Michael Horbach. Su práctica artística se centra en la fotografía como escenario propicio para discursar acerca de la temporalidad, las emociones, la memoria, el cuerpo y lo sensorial. Actualmente es la vicepresidenta de la Sección de Fotografía de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Notas
1 Daylene Rodríguez Moreno es artista visual, fotógrafa y docente, egresada de la carrera de Artes Visuales en la Universidad de las Artes de Cuba (ISA). En su amplio itinerario profesional que supera las dos décadas, destacan más de cincuenta exposiciones personales y colectivas en Cuba y otros países, muchas de ellas organizadas en el contexto de importantes eventos artísticos como la Bienal de La Habana (en la cual ha participado en cinco ocasiones). Asimismo, ha presentado su obra en espacios de gran reconocimiento internacional, como el Museo de Arte Venanzo Crocetti (Roma), la Casa de América (Madrid) y el Museo de Arquitectura de Shanghái. Su obra forma parte de colecciones institucionales y privadas en Cuba, Europa, Estados Unidos, América Latina y Asia. Ha sido merecedora del Premio de Artes Visuales Roberto Diago Querol y del Premio Especial Michael Horbach. Su práctica artística se centra en la fotografía como escenario propicio para discursar acerca de la temporalidad, las emociones, la memoria, el cuerpo y lo sensorial, asumiendo la manifestación fotográfica no solo como un elemento técnico generador de imágenes, sino también como una herramienta de pensamiento crítico-experiencial. Actualmente es la vicepresidenta de la Sección de Fotografía de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
2 La muestra, con curaduía de la especialista Maybel Elena Martínez, fue inaugurada el 8 de mayo y estuvo abierta al público hasta el 15 de junio de 2025.
3 Es la técnica que permite la obtención de imágenes (fotografías y negativos) empleando una cámara estenopeica, cuya particularidad radica en que no posee lente. El procedimiento consiste en utilizar un pequeño orificio (estenopo) para proyectar la luz y formar la imagen de manera simple. Ello garantiza que las exposiciones sean más largas (a diferencia de lo que ocurre con las cámaras modernas), posibilitando que la luz revele lentamente la imagen y convirtiendo esta espera en parte esencial del proceso creativo. En inglés la técnica se reconoce como pinhole (agujero de alfiler).
4 Actualmente la artista utiliza 10 cámaras estenopeicas de 7×9 pulgadas, las cuales inserta en los espacios que desea trabajar. El resultado final varía en dependencia de su comprensión del espacio, la luz y el tiempo.
5 El ejercicio de culminación de estudios de Daylene Rodríguez Moreno fue la exposición Viaje indefinido (Galería de arte Villa Manuela, 2025).
6 En 2023 la exposición personal El mundo de Karoline fue inaugurada en el Centro de Arte Tomás y Valiente (CEART) de Fuenlabrada (Madrid, España).
7 En 2015 la exposición personal Aliento de cenizas fue inaugurada en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña como parte de la muestra colateral de la 12.ª Bienal de La Habana.
8 Palabras al catálogo de la exposición Ella soy yo.
9 Se conoce como lumiprint (o impresión lumen) a la técnica experimental mediante la cual se obtienen imágenes sin cámaras fotográficas, colocando los objetos sobre papel fotosensible y exponíendolos al sol durante determinado tiempo. La luz provoca entonces cambios químicos en la emulsión, recreando siluetas polícromas irrepetibles en cada caso.
10 El quimigrama es una técnica que fusiona los materiales fotosensibles con la intervención directa de sustancias químicas sobre el papel fotográfico, sin necesidad de emplear cámaras. Como resultado se obtiene una imagen que acude a la acción manual y química del artista (gestos pictóricos).
11 Se refiere al índice de exposición o sensibilidad de una película fotográfica.
― Entrevista realizada el 15 de mayo de 2025 · Lázaro Gerardo Valdivia Herrero · Imágenes: cortesía de la artista

Deja un comentario