Ladrones con casco, guantes, uniforme de combate y una sierra eléctrica asaltaron el Museo Renoir de Cagnes-sur-Mer, en la Riviera francesa, la madrugada del 8 de septiembre. Cortaron la verja del jardín y llegaron hasta las salas de la que fue la última casa del pintor, hoy museo municipal. La alarma sonó a las 5.48 y la policía llegó cinco minutos después: ya era tarde. Los asaltantes cargaron con cuatro cuadros y, en la huida, abandonaron dos.
De las cuatro obras sustraídas, dos siguen desaparecidas: «Madame Colonna Romano» (1910) y «Jeune femme au puits» (1886). Las otras dos -«Portrait de Madame Pichon» (1895) y «Coco lisant» (1905)- quedaron tiradas cerca de la salida y ya volvieron a sus muros. El museo conservaba trece pinturas y unas cuarenta esculturas de Renoir: una colección pequeña, pero irremplazable, reunida en la casa donde el pintor pasó sus últimos años.
No es el primer golpe del año contra un museo dedicado a un solo artista europeo. En marzo, una banda robó obras de Renoir, Cézanne y Matisse de una fundación privada italiana en menos de tres minutos. El patrón se repite: casas históricas con plantillas reducidas y colecciones que valen mucho más que sus alarmas.
Las cifras
- 9 millones de euros: valoración estimada de las dos obras aún desaparecidas.
- 4 cuadros sustraídos; 2 recuperados en el propio recinto durante la huida.
- 5 minutos entre la activación de la alarma (5.48) y la llegada de la policía municipal (5.53).
- 13 pinturas y unas 40 esculturas de Renoir integraban la colección permanente antes del robo.
- Marzo de 2026: fecha del golpe similar sufrido por una fundación privada italiana, con obras de Renoir, Cézanne y Matisse.
Lectura
El caso confirma algo que en el sector ya no sorprende: los museos monográficos, instalados casi siempre en casas históricas, se han convertido en blanco recurrente. No compiten en presupuesto de seguridad con las grandes pinacotecas nacionales, y ahí está el problema: sus piezas sí compiten, en el mercado negro, con cualquier Renoir de museo grande. Si las dos obras desaparecidas llegan a circular, lo harán fuera de los canales habituales, sin procedencia limpia, y eso en la práctica las saca del circuito de subastas serias durante años, quizá décadas.
Para el mercado legítimo el episodio no mueve precios ni catálogos. Sí añade presión sobre un debate abierto desde el golpe italiano de marzo: quién financia la seguridad de un patrimonio que, jurídicamente, es municipal, pero que en valor de mercado pertenece a otra liga.
Fuente: Gareth Harris, «Two Renoir paintings worth €9m stolen from Renoir Museum in South of France», The Art Newspaper, 8 de septiembre de 2026.

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