María Magdalena Campos-Pons en el centro de la Bienal de Venecia: Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh and Toni Morrison

Bienal de Venecia · Exposición central · 2026


Que la Dra. María Magdalena Campos-Pons ocupe un lugar en la exposición central de la Bienal de Venecia no es un dato menor. Ese espacio es el núcleo simbólico de la institución, el sitio donde la Bienal dice en voz alta qué arte importa hoy y desde dónde debe ser pensado. Su presencia allí confirma algo que quienes siguen su trabajo saben desde hace tiempo: que estamos ante una trayectoria construida con una coherencia poco común, siempre anclada en la memoria, el cuerpo, la diáspora africana y la historia del Caribe.

Su obra Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh and Toni Morrison nace del cruce entre el duelo y la herencia. La artista toma la muerte de Koyo Kouoh y el legado de Toni Morrison y los convierte en un árbol de magnolias instalado en el corazón de la Bienal. No es un monumento cerrado. Tampoco un homenaje solemne de los que se colocan en las paredes y se olvidan. Aquí la flor no adorna: recuerda, acusa, cuida y vuelve a empezar.


La 61.ª Bienal de Venecia llegó marcada por una muerte. Koyo Kouoh, curadora camerunesa designada para dirigirla, fue la primera mujer africana en asumir esa responsabilidad en toda la historia del evento. Su exposición, In Minor Keys, proponía algo que parece obvio pero que rara vez se practica en los grandes escenarios institucionales: escuchar lo que durante demasiado tiempo quedó fuera del relato oficial. Voces periféricas, memorias sin archivo, cuerpos racializados, pueblos empujados hacia los márgenes. Kouoh murió en 2025, antes de ver abierta la muestra que había concebido. Su equipo decidió continuar, y esa ausencia atraviesa cada sala como una presencia que no termina de irse.

Es dentro de ese duelo colectivo donde la pieza adquiere todo su peso.


Nacida en Matanzas, Cuba, la artista lleva décadas haciendo de la esclavitud, la diáspora, el azúcar, el agua, el ritual, la familia y la pérdida los materiales centrales de su trabajo. Quien ha visto sus performances lo sabe: no buscan la espectacularidad del dolor. Operan desde otro lugar, con una precisión casi silenciosa, una intensidad que toca sin levantar la voz.

La instalación reúne retratos de Kouoh y de Toni Morrison con magnolias en vidrio, resina y cerámica, todo atravesado por una composición sonora de Kamaal Malak en bajos y sintetizadores que trabajan desde las frecuencias más bajas. El espacio resultante oscila entre jardín, altar y velatorio. Artsy lo señala entre los momentos definitorios de la exposición central. The Art Newspaper describe una atmósfera casi mítica, de ramas y hojas y una presencia que no termina de nombrarse.


La elección de Morrison no necesita demasiada explicación, pero merece un momento de atención. Toni Morrison fue la primera mujer negra en recibir el Premio Nobel de Literatura, en 1993, y sus novelas –Beloved, Song of Solomon, The Bluest Eye– hicieron algo que no muchos escritores logran: hablar desde adentro de la experiencia afroamericana, con toda su densidad. Sin simplificar, sin consolar fácil. Con el dolor y el deseo y los fantasmas y la rabia todos juntos, sin separar. Escribía para que se oyera lo que había sido silenciado, y esa escritura no ha envejecido.

Kouoh trabajó en una dirección paralela, desde la curaduía. Durante años defendió la centralidad de artistas africanos, caribeños y diaspóricos dentro de un sistema que los había mantenido en los bordes. In Minor Keys era, en ese sentido, la culminación de una apuesta de toda una vida profesional.

Entre Morrison, Kouoh y la creadora cubana se traza una genealogía de mujeres que han trabajado desde aquello que el poder suele llamar menor: las memorias femeninas, los cuerpos racializados, las historias que no tienen expediente oficial. La obra no fuerza esa relación. La deja crecer. Sus ramas unen literatura, curaduía y arte visual en una misma conciencia: la de que reparar es también una forma de conocimiento.

Performance de la exposición tomado del perfil de ArtNews

La magnolia, en ese contexto, deja de ser una flor apacible. En el imaginario del Sur estadounidense carga un peso doble: puede evocar los jardines elegantes y la belleza doméstica, pero también la plantación, la segregación, el duelo, la tierra endurecida por siglos de violencia. La cubana abre esa ambigüedad y la convierte en anatomía, como dice el título. La flor se vuelve cuerpo legible por dentro: pétalo, herida, raíz, garganta, tumba, casa.

Los materiales dicen lo mismo de otra manera. El vidrio, la resina y la cerámica sugieren fragilidad y transparencia, pero también una persistencia que no necesita la dureza de la piedra. La obra no se impone como estatua. Insiste como presencia. Y esa diferencia importa.

La música de Malak completa el gesto. Los bajos convierten el espacio en algo que el cuerpo recibe antes de que el ojo haya terminado de mirar. Esa es la frecuencia exacta en que trabaja toda la pieza: la de las cosas que se perciben antes de que sepamos nombrarlas.


Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh and Toni Morrison es una obra sobre la pérdida y sobre lo que queda después de ella. Un homenaje que no congela a sus figuras en el mármol del icono, sino que las devuelve al crecimiento. En el centro de la Bienal, esta artista nacida en Cuba instala un árbol hecho de historias tratadas durante demasiado tiempo como laterales.

En Venecia, la flor recuerda. Y cuando recuerda, obliga a mirar de nuevo.


Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh and Toni Morrison · María Magdalena Campos-Pons · Exposición central In Minor Keys, 61.ª Bienal de Venecia · Música: Kamaal Malak

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