Exposición «Límites», Moisés Finalé

Exposición Límites

Moisés Finalé

19.03.2025

Galería Habana

Revisito la obra de Moisés Finalé ahora a través de la bondad de las imágenes digitales que cruzan el Atlántico, como tantas veces el autor y su obra lo han hecho para nutrirse de múltiples culturas que ahora confluyen sin límites en Galería Habana. La exposición Límites no solo condensa una vida de travesía artística, sino que se convierte en una suerte de manifiesto visual donde la hibridez se presenta como principio epistemológico, político y estético.

Exposición en Galería Habana en 2021

En esta entrega, Moisés Finalé no se limita a representar: invoca. Su iconografía no es decorativa, sino constitutiva del sentido; no es alegórica, sino encarnada. La mirada del espectador es obligada a leer más allá de lo visible, a desenterrar las capas de significación que cada obra —como un palimpsesto de signos— ofrece. Como bien ha señalado Yolanda Wood, Finalé trabaja desde una “iconografía de interpenetraciones”: aquí nada es puro, todo es mestizo. No hay símbolo que se mantenga intacto, no hay tradición que no sea revisitada desde el deseo de lo plural.

Uno de los núcleos simbólicos más potentes de su obra es el cuerpo femenino, que Finalé convierte en geografía, en altar y en archivo. Este cuerpo aparece cargado de inscripciones, tatuado de signos y constelado de referencias que atraviesan lo ancestral y lo contemporáneo. La mujer no es musa pasiva, sino eje cósmico. En la escultura que preside una de las salas, la figura femenina aparece hipertrofiada, sensual y totémica, condensando pulsiones de fertilidad, erotismo y espiritualidad. Es un cuerpo que porta memorias —ancestrales y coloniales—, pero también deseos: lo femenino como posibilidad de recomenzar.

La serie de pinturas presentadas en la exposición expone ese gesto de “cartografía visual” que caracteriza al artista: no hay fondo ni figura que no estén en constante diálogo. Figuras bicéfalas, ojos en torsión, brazos que se transforman en instrumentos o en ramas; todo en Finalé apunta a una iconografía en transformación, que rehúye la fijeza y se abraza a la metamorfosis. El rostro se desdobla, el cuerpo se fragmenta, el símbolo se mezcla. Esa disolución de la frontera —entre lo humano y lo animal, lo natural y lo espiritual— es también una poética del mestizaje cultural que ha acompañado a Finalé desde sus inicios.

La iconografía africana es particularmente decisiva en esta exposición: no como cita folclórica, sino como raíz viva. Las máscaras, los patrones geométricos, los colores tierra, la presencia de signos propios de los tejidos rituales, reaparecen constantemente como huellas de una memoria que no ha sido del todo narrada. Pero también está la huella grecolatina, el canon occidental de la belleza y la proporción, el dibujo académico que Finalé conoce bien y pervierte con maestría, desmontándolo desde adentro. Y está, por supuesto, lo caribeño: no como postal, sino como complejidad. Lo caribeño aquí es exceso, es sincretismo, es contradicción.

Una de las pinturas más evocadoras de la muestra —aquella en la que una figura femenina aparece sentada sobre una barca rodeada de sombras— remite directamente a la iconografía del viaje y del tránsito. Es difícil no ver allí un eco del pasaje de los esclavos, del exilio, del desplazamiento forzado. Pero Finalé lo transforma en imagen de tránsito espiritual: la barca como vehículo entre mundos, la figura como deidad fluvial, como orisha en espera. La presencia de figuras flotantes refuerza esta sensación de liminalidad, de estar siempre en medio, en un “entre” que se resiste a la clausura.

Y es precisamente allí, en ese espacio fronterizo, donde Límites cobra su verdadero sentido. La exposición no es un inventario de formas, sino una propuesta de lectura del mundo desde la complejidad de los símbolos. Cada obra de Finalé opera como un umbral: una invitación a cruzar, a dejar atrás las certezas binarias, a habitar el mestizaje como forma de conocimiento y de experiencia.

En un tiempo marcado por las crispaciones identitarias, la obra de Finalé propone una iconografía de lo común, de lo compartido, de lo impuro como riqueza. Límites es, en ese sentido, una muestra profundamente contemporánea: no porque responda a modas, sino porque se atreve a interpelar desde lo más hondo del símbolo, allí donde las culturas se tocan, se confunden y se transforman.

Finalé no ilustra ideas, las encarna. Sus cuerpos están tejidos con memoria, con deseo, con historia. Su iconografía es un gesto de resistencia frente a la simplificación: un canto visual a la complejidad del ser, del estar y del recordar. Galería Habana, en estos días, no solo acoge una exposición: acoge un rito de paso. Y al atravesarlo, uno ya no regresa igual.

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