De Allá: Openstudio ArcoAzul, Gabriel Raúl Cisneros & Giselle Lucía

De Allá: Openstudio ArcoAzul
Gabriel Raúl Cisneros & Giselle Lucía
30.05.2025
Estudio ArcoAzul (Madrid)

La vocación de un Open Studio suele ser transparente: compartir el proceso, abrir el espacio de trabajo, humanizar la figura del artista. Sin embargo, lo que aquí se presenta trasciende con creces esa intención inicial. Lo que se nos ofrece no es un simple corte transversal al taller, sino una exposición plena, consciente de sus recursos discursivos y materialidades, y, sobre todo, una toma de posición ante el momento histórico que habitamos. Las obras de Gabriel Cisneros y Giselle Lucía, distintas en medios y registros, confluyen en una preocupación común: pensar el cuerpo —y el lenguaje— desde la fragmentación.

La obra escultórica de Gabriel se articula desde una lucidez que incomoda. En lugar de reafirmar el poder simbólico de la escultura pública —aquel que tradicionalmente celebró la épica, el bronce, el pedestal—, la subvierte con inteligencia. Sus piezas en resina, material de una modernidad industrial que simula lo noble pero no lo eterniza, presentan figuras heridas, escindidas, suspendidas en un gesto que no afirma sino que duda.

El caballo, partido en dos, deviene metáfora visual de una herencia que no se sostiene. No hay jinete, no hay galope, no hay bandera. Hay una torsión, un abatimiento que nos remite más a la poshistoria que a la gloria. Junto a él, la figura sentada —el supuesto coronel, el hombre sin espada— representa una masculinidad desactivada, una autoridad que ya no se impone, sino que observa en silencio su propia obsolescencia.

En diálogo con estas piezas de gran formato, Gabriel Cisneros presenta un conjunto de esculturas de escala reducida que, lejos de ser simples estudios o apuntes, configuran un sistema de representación autónomo y penetrante. Dispuestas sobre una mesa de madera clara, estas figuras —hombres y mujeres segmentados, torsos sin brazos, cabezas ausentes o cuerpos vencidos— conforman una suerte de teatro de la descomposición social. Lejos de caer en el efectismo, estas miniaturas condensan, en su brevedad, una crítica feroz al orden disciplinario, a las estructuras del control y a la repetición del poder burocrático. Las posturas tensas, las mutilaciones precisas y la multiplicación del gesto autoritario hablan de un mundo colapsado en su forma, donde la violencia no es excepción sino método. Con una factura técnica rigurosa y un lenguaje sobrio, estas piezas logran algo difícil: interpelar desde el detalle, conmover desde la distancia. Si las esculturas monumentales erosionaban el relato heroico, estas miniaturas lo disecan con bisturí.


Gabriel, con una economía formal impecable, aborda la estatuaria no desde la nostalgia, sino desde la crítica. La escultura, lejos de aspirar a la permanencia, se convierte en lugar de incertidumbre. En sus manos, lo monumental ya no es sinónimo de grandeza, sino de interrogación. ¿Qué celebramos cuando elevamos un cuerpo sobre un pedestal? ¿Qué cuerpos quedan fuera de ese relato?

Frente a la contundencia simbólica de Gabriel, la obra textil de Giselle ofrece otro tipo de resistencia: la de lo sensorial, lo íntimo, lo persistente. Sus piezas, construidas a partir de hilos tensados, superpuestos y entrelazados, no solo componen imágenes: construyen superficies que se leen y se sienten. Hay una poética del detalle que no renuncia a lo conceptual. Cada fragmento de color, cada tensión en el tejido, se convierte en signo.


En sus composiciones más geométricas, el equilibrio entre forma y textura produce una sensación de orden que, sin embargo, nunca es frío. En las obras de mayor densidad matérica —donde el hilo se acumula como si registrara una respiración— el color se despliega como emoción visual. Los rojos vibran con intensidad visceral. Los azules parecen contener una narración sumergida. Y en todos los casos, el hilo no es decoración, es lenguaje.

El trabajo de Giselle no apela a lo doméstico como refugio, sino como lugar político. En un momento en que lo blando, lo artesanal y lo lento son desplazados por la imagen instantánea y el ruido digital, sus obras nos recuerdan que el tejido —como acto y como forma— implica tiempo, cuidado, insistencia. Y también una genealogía afectiva que rara vez ocupa el centro de la historia del arte.

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