Exposición Campo expandido
Colectiva
19.12.2024
Casa Museo Servando Cabrera
En el ámbito del arte contemporáneo, resulta seductor –y quizás algo riesgoso– apropiarse de términos teóricos como “campo expandido”, acuñado por Rosalind Krauss en 1979, para titular una exposición. Sin embargo, la muestra «Campo Expandido», que reúne obras de Enrique Ángel Cabrera, Alejandro Jurado y piezas seleccionadas del maestro Servando Cabrera Moreno, plantea un juego curatorial que, lejos de expandir el concepto aludido, parece circunscribirse a los confines de una pintura expandida que, si bien rompe con ciertos convencionalismos formales, no alcanza a desbordar el marco conceptual que se presume en el título y sin lugar a dudas hubiera sido interesante.
La curaduría, quiero creer, se presenta como un ejercicio dialéctico: un intento de reinterpretar los presupuestos de Krauss desde el prisma de la contemporaneidad cubana, dialogando con la obra de un pilar del arte nacional como Servando Cabrera Moreno y dos creadores contemporáneos, Enrique Ángel Cabrera y Alejandro Jurado. Sin embargo, este diálogo no consigue articularse como un discurso expansivo que trascienda el medio pictórico; más bien, establece un circuito cerrado donde las obras, aunque formidables en su ejecución, no logran salir del territorio de una pintura que apenas juega con sus propios límites. Esto no es, en absoluto, un juicio contra la calidad de las piezas exhibidas, sino una crítica al desfase entre las aspiraciones teóricas del título y la propuesta estética presentada.





Resulta interesante –y un tanto paradójico– utilizar a Servando Cabrera Moreno como ancla de esta exposición. Servando, con su iconografía homoerótica y su exploración del cuerpo como territorio político y poético, fue un transgresor en su tiempo. Sin embargo, en el marco de «Campo Expandido», su obra aparece como un vestigio, más que como un elemento activo de ruptura. Las piezas seleccionadas, aunque icónicas, están marcadas por una narrativa formal que dialoga con la tradición de la pintura al óleo y el dibujo académico, sin desbordar el espacio bidimensional. Servando Cabrera, en este contexto, no es un puente hacia el campo expandido de Krauss, sino un testimonio de la densidad simbólica que puede contenerse dentro del marco pictórico.
Enrique Ángel Cabrera, por su parte, ofrece un contrapunto contemporáneo a la obra de Servando, llevando su práctica más allá del lienzo para involucrar elementos escultóricos y materiales industriales. Sus piezas, que parecen una extensión material de lo pictórico, coquetean con la tridimensionalidad, pero no alcanzan a dialogar con el paisaje o la arquitectura de manera que las inserte en un verdadero campo expandido. Aquí, su obra se aproxima más a una pintura expandida, en la que el soporte y los materiales tradicionales se redefinen, pero no trascienden hacia las categorías híbridas de Krauss, como el land art o las intervenciones arquitectónicas. Sus instalaciones parecen ancladas en el gesto pictórico, dejando de lado el diálogo con el espacio que podría haber llevado su obra a otro nivel conceptual.





Por último, Alejandro Jurado presenta una obra que juega con la fragmentación del lienzo, proponiendo una pintura que se despliega como un mapa. En sus piezas, el color se convierte en un protagonista casi táctil, y la superficie del lienzo se fractura en múltiples planos que sugieren una relación con el espacio. Pero, estas fracturas permanecen en el ámbito visual, sin llegar a interactuar físicamente con el espacio o a implicar al espectador de manera inmersiva excepto en alguna obra tridimensional ubicada en el espacio expositivo en forma de cubo intervenido en sus caras. Como en el caso de Kike (Enrique Cabrera), la obra de Alejandro parece detenerse en la frontera de esa pintura expandida, donde los límites formales se cuestionan, pero el espacio conceptual no se reconfigura.





A mí criterio – muy personal y para nada exento de estar equivocado- el talón de Aquiles de la exposición radica en ese intento de apropiarse de un término cargado de especificidad teórica como es «campo expandido», sin comprometerse realmente con los presupuestos de esta teoría (a no ser que la idea haya sido desde el inicio lo contrario). Mientras Krauss describe un campo donde las categorías artísticas se desbordan y se configuran en nuevas relaciones híbridas –como la marcación del sitio, las intervenciones paisajísticas o el uso crítico de la arquitectura–, «Campo Expandido» (la exposición) se limita a una exploración de las posibilidades formales de la pintura, lo que la acerca más a las prácticas de la antes mencionada pintura expandida.
La pintura expandida, como se entiende en el contexto contemporáneo -según la literatura especializada- , trasciende el marco físico del lienzo, pero sigue siendo pintura en esencia. Esto queda claro en la exposición: las obras de Servando Cabrera y Alejandro Jurado juegan con la materialidad, pero no logran incorporarse plenamente al espacio o al paisaje, ni problematizan su relación con la arquitectura. Las piezas de Servando, aunque radicales en su carga simbólica, permanecen dentro del ámbito bidimensional y no se integran en un diálogo que cuestione o trascienda las categorías convencionales.





La curaduría bajo la firma de Maybe Elena, parece buscar un diálogo entre generaciones y prácticas, utilizando a Servando como un eje histórico que legitime la ruptura contemporánea. Sin embargo, este juego no se resuelve de manera contundente, aunque se agradece. Este icónico artista actúa más como un espectro que como un interlocutor activo en la discusión sobre los límites de la pintura y su posible expansión. Enrique Ángel Cabrera y Alejandro Jurado, por su parte, presentan propuestas que, aunque valiosas en términos estéticos, no logran insertar sus prácticas con lo que se esperaría de una muestra de verdadero campo expandido, limitándose a otra exploración de las posibilidades materiales del medio pictórico.
Pero que a nadie engañen estos trazos de tinta digital. Este esfuerzo no debería interpretarse como un fracaso, sino como una invitación a reflexionar sobre los límites y las posibilidades de la pintura contemporánea en el contexto cubano artístico de hoy. Si algo nos enseñan las obras de estos artistas es que la pintura, incluso en su expansión, sigue siendo un lenguaje profundamente rico y versátil, capaz de dialogar con su historia y su contexto, aunque no siempre consiga trascender sus propios límites.
Como le comenté en su momento a la curadora: Querida Rosalind Krauss, si tú supieras, baja para veas esto!!!

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