Exposición The show must g∞n, Colectiva

Exposición The show must g∞n

Colectiva

19.07.2024

Galería Servando Cabrera

El arte contemporáneo, en su constante búsqueda por desafiar y esclarecer, ha encontrado en la crítica al espectáculo mediático y político un vasto campo de expresión, sobran los ejemplos de esto. The show must g∞n, la más reciente exposición de la III Edición del Proyecto Arte y Pedagogía de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes, es una muestra de la visión de estos jóvenes artistas de una realidad que se vive cada día más en el circuito de las artes visuales. Me parece genial como título el que proponen, pues este sugiere que la muestra va como una fina crítica a esa «sociedad del espectáculo» que vivimos, un concepto teorizado por Guy Debord que implica que los medios y las imágenes dominan y distorsionan la realidad, llevando a la alienación. En pocas palabras, estos jóvenes con esa licencia poética que da ser artista, cuestionan la actual interacción entre entretenimiento (dónde se expone), política (que/ quienes exponen) y vida cotidiana (que dice lo que se expone), explorando así de manera simbólica la trivialización del discurso público y el desvío de la atención a las urgencias sociales.

Happy Traveler, la serie de dibujos de Aldo Soler Jr. nos introduce en esta disertación con una pieza que ironiza sobre la cultura del consumo en eventos artísticos en un abanico de espacios, institucionales todos (reconozco en sus imágenes a la Fundación Ludwing, la galería Collage Habana, el Arsenal, el Ciervo Encantado, entre otros). El uso de bebidas alcohólicas, típicas en inauguraciones, como material artístico, no solo rompe con lo convencional, sino que critica sutilmente la banalización de la cultura. Aldo convierte el acto de beber, un gesto social por excelencia, en un comentario sobre cómo el arte puede ser consumido —y a menudo diluido— en el mismo acto de su celebración. La obra sugiere que, al igual que un buen cóctel, el arte y su recepción en la sociedad pueden ser una mezcla compleja, pero también fácilmente manipulable para satisfacer paladares menos exigentes, reflejando así las estrategias de distracción del espectáculo cultural.

Por su parte, Roxana Bello con El fin no justifica los medios, nos confronta con la omnipresencia y la omnipotencia de los medios de comunicación. Al emplear audios de noticias en bucle, esta artista no solo cuestiona la veracidad y la manipulación detrás de la información que consumimos diariamente, sino que también refleja cómo esta repetición constante puede convertirse en una forma de adoctrinamiento. El bucle infinito de noticias actúa como una metáfora del ciclo interminable de la retórica política, donde la verdad es a menudo sacrificada por la agenda y la espectacularidad.

Jany Batista, con su obra La Habana, Tropicana, 10:30 pm, pieza de 2020, pero con una vigencia plena, relata un escenario donde el fulgor y el artificio no solo se abrazan, sino que también dialogan con un lenguaje de crítica y deslumbramiento. Es aquí, en este lienzo que captura la luz y la mirada, donde Jany ensaya una reflexión sobre la cultura del espectáculo, la política de las apariencias y su influencia en el tejido social y cultural cubano. En esta pieza, el uso del acrílico junto con lentejuelas y purpurina no es meramente decorativo; es una declaración, un gesto lleno de intención. Las texturas palpables y los colores que parecen danzar bajo la luz son una metáfora de la vida nocturna del Tropicana, ese espacio emblemático de la noche habanera donde el esplendor y la ostentación reinan. Pero, ¿qué dicen estos brillos? ¿Qué narran estos destellos sobre la cultura que los produce y celebra?

Las estrategias de deslumbramiento se extienden al ámbito político. En la política espectáculo, al igual que en el Tropicana, la estética del poder utiliza la seducción visual como una herramienta para encantar, para capturar la voluntad de las masas, desviándolas de los problemas sustantivos, de las urgencias que requieren atención crítica y reflexiva.

Este lienzo, saturado de crítica y belleza, de historia y contemporaneidad, es un recordatorio potente de que el arte no solo está para decorar nuestras paredes, sino para provocar nuestro pensamiento, para agitar nuestras conciencias. Jany Batista, con esta obra, se afirma no solo como artista sino como agitador cultural, como alguien que entiende el arte como una forma de intervención social y política.

“Una lluvia de estrellas cae sobre el mar… Todas las estrellas se desprenden y caen, una a una, y bajan flotando, sin prisa, luminosas como bengalas, y luego quedan ardiendo sobre el mar, soltando un humo blanco y espeso, y permanecieron como puntos de luz, como señales acordadas. Una se disparó hacia arriba como el cohete de auxilio de un buque que se hunde. Del cielo siguieron cayendo las estrellas, hasta que la concha de arriba quedó a oscuras, y la comba de abajo se sumió en una oscuridad aun mayor, después que la última señal se apagó”. Guillermo Cabrera Infante

En la instalación titulada Del cielo siguieron cayendo las estrellas de María Fernanda Chacón, el arte y la literatura se fusionan en un diálogo que transcurre entre la belleza efímera y la reflexión profunda. Inspirada en el texto evocativo de Guillermo Cabrera Infante, Chacón crea un paisaje visual en el que el confeti en forma de estrellas esparcido sobre el suelo no solo representa una lluvia de estrellas, sino también la fluidez y la transitoriedad de los momentos que capturan nuestra atención y luego se desvanecen.

El fragmento literario seleccionado, impreso directamente en el suelo de la instalación, es en sí mismo un poema visual sobre la caducidad y el resplandor fugaz de la vida, capturado en el acto de estrellas que «bajan flotando, sin prisa, luminosas como bengalas». Estas estrellas, aunque momentáneamente brillantes, terminan por «quedar ardiendo sobre el mar, soltando un humo blanco y espeso», una metáfora del ciclo de vida de las noticias y los eventos mediáticos que arden con intensidad en la conciencia pública antes de disiparse en el olvido.

La disposición del confeti, una vez parte de una celebración, ahora disperso y pisoteado, ilustra la desolación que sigue al espectáculo, un recordatorio de que lo que una vez fue motivo de asombro pronto se convierte en un vestigio del pasado.

Rosa Cabrera, en Conceptual lechosa, eleva la ironía a un plano sublime mediante la interacción del texto «Sé que te vienes con la idea» inscrito en perlas de cultivo, dispuestas meticulosamente sobre un fondo blanco. Esta elección no es arbitraria; las perlas, emblemáticas de pureza, y el blanco, evocativo de la eyaculación, se fusionan para tejer un comentario incisivo sobre la premura y la superficialidad que a menudo imperan en los mundos de la cultura y el espectáculo. La obra, entonces, se convierte en una metáfora lúdica, pero crítica a la eyaculación precoz, utilizada aquí como un símbolo potente de la rapidez con la que se consumen y se desechan los productos culturales en nuestra sociedad contemporánea.

Es esta una reflexión sobre la fugacidad con la que la cultura y el arte son frecuentemente tratados, consumidos rápidamente y sin la debida apreciación, similar a un clímax apresurado y sin la satisfacción de un encuentro más prolongado y significativo. Esta instalación, con su juego de palabras y materialidad, nos desafía a cuestionar la profundidad de nuestras experiencias culturales y artísticas. ¿Somos meros espectadores pasivos en un frenesí de consumo rápido? ¿O buscamos una conexión más profunda y duradera con el arte que consumimos? «Conceptual lechosa» no solo captura esta tensión, sino que también critica el desvanecimiento rápido del valor intrínseco en el espectáculo cultural, sugiriendo que, quizás, deberíamos pausar y valorar más plenamente el arte que atraviesa nuestras vidas.

Ha sido esta exposición un ejercicio académico de lujo en mi opinión a la distancia. El ISA y esa capacidad rompedora en las convenciones y demuestra, en conjunto, la habilidad de los artistas para navegar y criticar las corrientes de la cultura del espectáculo y también refuerza el papel del arte como un espejo crítico de la sociedad. Cada obra, con su lenguaje y medios específicos, discursa sobre cómo consumimos el arte y la información, y cómo este consumo influye y forma nuestra percepción de la realidad. En tiempos donde casi todo se ha convertido en un espectáculo más del entretenimiento, estos artistas nos recuerdan la importancia de mantener una visión crítica y profundamente reflexiva sobre lo que consideramos verdadero y esencial.

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