De allá: Exposición Aquí (Open Estudio)
Colectiva
15.09.2023
Estudio Maikel Sotomayor (Calle Linneo, 21, Madrid)
El proyecto «Aquí», más que un simple Open Studio en Madrid, se ha erigido como un espacio de confluencia y encuentro entre diferentes mundos artísticos. Al traspasar las puertas de este entorno colectivo, uno se sumerge en un océano de expresiones que va más allá de lo visual, convirtiéndose en un diálogo profundo y conceptual entre artistas cubanos y extranjeros. Tuve el privilegio de ser bienvenido en uno de estos estudios, cuyos anfitriones generosamente me permitieron entrar y compartir ese momento de creación y exposición. La complicidad que sentí en ese espacio fue evidente, y mi agradecimiento a esos artistas es inmenso.



En este estudio, las obras de artistas de la talla de Brady Izquierdo, Maikel Sotomayor, Adonis Ferro y Alexandra Bornhorst convergen y se entrecruzan, tejiendo juntas una narrativa artística sin parangón. Cada pieza, cada pincelada y cada imagen se entrelaza para formar una historia que invita no solo a la observación, sino también a la introspección y al diálogo intercultural.




En particular, me llamó la atención la obra de Brady Izquierdo. Aunque es ampliamente reconocido por su enfoque en la caricatura tradicional, en esta ocasión nos presenta algo completamente diferente. Alejándose de la sátira y el humor que suele caracterizar su trabajo, Izquierdo nos sumerge en una propuesta abstracta y conceptual. Su obra en «Aquí» reta las expectativas, invitando al espectador a romper con sus propias preconcepciones y embarcarse en un viaje introspectivo a través del arte. Es una clara muestra de la evolución y adaptabilidad de un artista, y de cómo el entorno y la colaboración pueden influir y enriquecer la creatividad.
Maikel Sotomayor, quien además de ser artista, desempeña el papel de anfitrión en este espacio, tiene la habilidad de transportarnos con sus pinceles a un rincón del vibrante Caribe. Sus pinturas, que destacan la representación meticulosa de frutas naturales, son más que simples retratos de la naturaleza. Son ventanas a un mundo que combina la realidad con la mitología. Al observar sus obras, nos encontramos envueltos en imágenes que remiten al edén bíblico de Adán y Eva. La paleta cromática que Sotomayor emplea nos recuerda a los cálidos atardeceres caribeños, donde los naranjas, rojos y amarillos se funden con la frescura de los verdes tropicales. Sus pinturas no son solo una celebración visual, sino también una oda a la nostalgia, a esos relatos de origen y a los mitos que han moldeado y enriquecido nuestra identidad cultural a lo largo de los siglos.



En contraste, pero en perfecta armonía, la fotografía de Alexandra Bornhorst se presenta como un complemento esencial a la narrativa visual de Sotomayor. Mientras que Maikel nos sumerge en el paraíso, Alexandra nos enfrenta a uno de sus habitantes más emblemáticos y enigmáticos: la serpiente. Esta criatura, símbolo bíblico de tentación y conocimiento, se convierte bajo el lente de Bornhorst en una representación de la complejidad humana. Las imágenes de la serpiente se entrecruzan y dialogan con la figura de Eva, creando un juego visual que no solo es estéticamente cautivador, sino que también invita a la reflexión. A través de esta interacción, Bornhorst alude a la eterna dualidad del ser humano: nuestra capacidad para la inocencia y la tentación, nuestra esencia pura y nuestros conflictos internos. Juntos, Sotomayor y Bornhorst crean un mosaico artístico que celebra y cuestiona simultáneamente los mitos y realidades que conforman nuestra existencia.
El uso de vídeos arte en el Open Studio, junto con otras piezas artísticas, transforma la experiencia del visitante, llevándolo de ser un mero observador a convertirse en un participante activo de un entorno cargado de intimidad y emoción. En este espacio, la frontera entre lo personal y lo colectivo se desvanece, dando lugar a un punto de encuentro donde las historias individuales de cada artista se entrelazan para formar un tejido complejo y diverso. La atmósfera creada es una de mutua comprensión y complicidad, donde artistas de variados orígenes comparten, contrastan y fusionan sus visiones.



La magia de este espacio es evidente en la manera en que descompone las barreras culturales que, en otros contextos, podrían separarnos. En su lugar, el arte emerge como un lenguaje universal que todos pueden comprender, independientemente de su trasfondo o experiencia previa. Esta fusión de expresiones y enfoques diferentes evidencia el poder del arte para trascender las diferencias y crear conexiones genuinas entre personas de distintos rincones del mundo.


El Open Studio se convierte, así, en un testimonio tangible de la riqueza y profundidad que se desencadenan cuando artistas de diversas tradiciones y perspectivas deciden colaborar y compartir su pasión. No es solo una exposición de obras, sino un espacio vivo que respira creatividad y diálogo. Sirve como un recordatorio palpable de que el arte, en su núcleo más profundo, es un diálogo constante, un medio para tender puentes entre culturas dispares y una ventana abierta hacia las múltiples y variadas interpretaciones de la experiencia humana. Es un llamado a celebrar nuestra diversidad y, al mismo tiempo, reconocer lo que nos une: la capacidad innata de contar historias y conectar a través del arte.

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