Exposición “Lingua franca”, Colectiva

Exposición “Lingua franca”

Colectiva

21.07.2023

Galería Habana

Esta iniciativa de la Facultad de Artes Visuales del ISA, se sitúa en el núcleo de los debates contemporáneos acerca de la intersección, convergencia y comunicación entre las distintas disciplinas artísticas. En un mundo cada vez más interconectado, las fronteras entre los diferentes medios artísticos se difuminan y las disciplinas se entrelazan de maneras novedosas y fascinantes. «Lingua Franca» se sumerge en este fenómeno, destacando la fusión y la interacción de las artes como un proceso enriquecedor y evolutivo. Con una amplitud de visiones que abarcan desde el grabado tradicional hasta la instalación experimental, pasando por el videoarte, la escultura y la fotografía, la exposición se asemeja a una especie de ópera contemporánea, donde cada artista aporta su voz única a un coro polifónico de expresiones creativas. Se establece así un diálogo por momentos fluido y continuo, no sólo entre las distintas obras y disciplinas representadas, sino también entre los artistas y los espectadores.

Esta conversación se da a través de una multitud de lenguajes visuales y estéticos que, en su conjunto, pueden compararse con una ‘Lingua Franca’ en el mundo del arte. Al igual que la ‘Lingua Franca’ históricamente servía para facilitar la comunicación entre personas de diferentes lenguas maternas, esta exposición permite la comunicación y comprensión a través de la variedad de lenguajes artísticos. Las obras y artistas presentados en la exposición forman una compleja red de interacciones y diálogos que reflejan los desafíos y las posibilidades del arte contemporáneo cubano.

Las obras de los artistas Pablo V. Bordón (instalación con fotografías y metrónomos), Reinaldo Cid (fotografías sobre gelatina montadas en portaplacas), Modesto Concepción (escultura), Duvier del Dago (maqueta instalativa con esculturas tejidas), Luis Gómez , Octavo Irving (vídeo arte), Dennis Izquierdo (instalación escultórica), Andy López Montoya (dibujos), Duniesky Martín (videoarte), Yusnier Mentado (instalación), Pedro G. Ocejo (grabado), Ossain Raggi (fotografías), Glenda Salazar (instalación), Ruslán Torres (mixta sobre cartulina), y Harold Vazquez (instalación), proporcionan una visión profunda y variada de las formas en que los artistas pueden comunicarse y conectarse a través de sus respectivas disciplinas. Se intenta crear con esta segunda exposición de artistas-profesores del ISA, recordemos la anterior exposición “Lección de anatomía”, un testimonio poderoso de la vitalidad y la diversidad del arte que se genera bajo las cúpulas de la facultad.  Busca además resaltar la importancia del diálogo y la interacción entre diferentes formas de expresión artística, y demostrar que, a pesar de nuestras diferencias individuales, todos compartimos la capacidad universal de apreciar y conectarnos con el arte.

La decisión curatorial de emplear «Lingua Franca» como metáfora orientadora para la exposición se erige como una maniobra perspicaz e innovadora, aunque en lo particular se me hace cargado el texto que acompaña la postal orientadora al público. Connota la intención de entrelazar un abanico de estilos artísticos y formas expresivas en un tejido común, una convergencia simbólica que refuerza la comunicación y el entendimiento a través de la diversidad. El poder de este concepto se pone de manifiesto en la extensa gama de obras que forman parte de la exposición. Estos artistas seleccionados, aunque no son todos los profesores que hoy forman parte del claustro de excelencia de la institución, pues hay ausencias notables, contribuyen a una rica polifonía de medios artísticos.

Cada obra individual, aunque única en su estilo y técnica, se convierte en una parte integral de un discurso artístico más amplio. En su conjunto, las obras crean una sinfonía visual que es tan diversa como cohesiva, y que captura el espíritu de colaboración y diálogo inherente a la idea de una ‘Lingua Franca’. El uso de una variedad de medios —desde la escultura tradicional hasta las técnicas de videoarte más contemporáneas— sirve para ilustrar la amplitud y profundidad de la expresión artística actual. Cada obra aporta su propia voz al coro, ampliando el alcance del discurso y proporcionando múltiples puntos de entrada para el espectador. De esta manera, la exposición se convierte en una verdadera ‘Lingua Franca’ artística, un espacio donde se celebran las múltiples formas de comunicación visual y se promueve la comprensión y el aprecio de la diversidad.

Si bien la idea detrás de la propuesta curatorial es resaltar una diversidad de voces y estilos, y crear una ‘comunidad ideoestética’, hay aspectos que pueden percibirse como limitantes. La idea de imponer un «metrónomo u orden del discurso» plantea un desafío. Este enfoque sugiere un ritmo o patrón establecido que las obras deben seguir, lo que podría interpretarse como una imposición de una estructura rígida sobre las creaciones presentadas. Esta rigidez puede, inadvertidamente, sofocar la vitalidad y la autonomía de las piezas individuales. Forzar desde la idea curatorial una cohesión conceptual, puede provocar que las obras no se comuniquen en sus propios términos o que sus narrativas intrínsecas se vean eclipsadas. El arte es una expresión de la individualidad del artista y cada pieza debería tener la libertad de hablar su propio idioma y contar su propia historia.

Además, este tipo de enfoque puede imponer una interpretación singular a las obras, limitando así las múltiples lecturas que cada pieza puede sugerir. Los espectadores pueden verse llevados a interpretar las obras de acuerdo con la idea preconcebida del «orden del discurso» en lugar de interactuar con ellas en un nivel más personal e intuitivo. Por otro lado, la idea de un “metrónomo” puede, en ciertos casos, eclipsar la espontaneidad y el carácter orgánico inherente al proceso creativo. Las obras de arte deben ser vistas como entidades vivas, siempre cambiantes y evolucionando con el tiempo y la interpretación. Un enfoque rígido y estructurado corre el riesgo de inhibir esta evolución, restringiendo las obras a un marco fijo en lugar de permitirles evolucionar y crecer con su interacción con los espectadores.

Las referencias culturales, como el Aleph de Borges o la mítica Torre de Babel, añaden capas de significado y proporcionan un punto de conexión con las narrativas universales de la literatura y la mitología. Sin embargo, su aplicación en el contexto de la exposición «Lingua Franca» plantea ciertos interrogantes. Estos símbolos, cargados de significado, representan conceptos abstractos de infinitud, conocimiento universal y comunicación más allá de las barreras lingüísticas. Por lo tanto, pueden ser altamente efectivos en la ilustración de la idea de una ‘Lingua Franca’ artística. Sin embargo, también portan un peso que puede resultar desmesurado si no se conecta de manera tangible y coherente con las obras en exhibición.

El Aleph, por ejemplo, es un símbolo de la totalidad del universo, donde todos los puntos coinciden y se reflejan simultáneamente. Mientras que la Torre de Babel es un símbolo del deseo humano de alcanzar los cielos y de la posterior confusión de lenguas que llevó a la diversidad lingüística. Aunque estos conceptos son fascinantes y pueden aportar profundidad a la interpretación de la exposición, su vinculación directa con las obras individuales puede no ser evidente para el espectador. Aunque estas referencias a criterio de las curadoras pueden enriquecer la propuesta curatorial, en este caso en opinión de este espectador, pueden resultar en una desconexión, pues no se logra anclarlas firmemente en el contenido visual y conceptual de la exposición. Para que estos símbolos poderosos sean efectivos, deben resonar de manera orgánica con las obras presentadas. De lo contrario, pueden parecer meras adiciones retóricas que buscan aumentar la densidad conceptual, pero que no se ven respaldadas por la materialización en la curaduría.

La exposición es iniciativa ambiciosa y digna de elogio, pues no resulta nada fácil unificar una variedad de prácticas artísticas y discursos individuales bajo un solo paraguas conceptual. Este esfuerzo por destilar la esencia de estas múltiples voces en una ‘Lingua Franca’ artística es audaz, y a pesar de los desequilibrios propios de una empresa como esta, su logro reside en la enriquecedora diversidad de obras que logra exhibir. Vuelve a ser Galería Habana ese espacio de encuentro y diálogo entre diferentes modos de expresión y pensamiento, reflejando la dinámica y multifacética naturaleza del arte contemporáneo producido en el ISA por sus profesores.

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