Exposición Viaje infinito
Rolo Fernández
14.07.2023
Galería Juan Francisco Elso Padilla
La recurrencia del personaje Súbito en la obra de Rolo Fernández es, sin duda, una estrategia que resalta por su singularidad. El hecho de que este «hombrecito» andrógino, como se le ha llegado a describir, se haya convertido en el sello distintivo de su arte es algo notable, a la vez que riesgoso.

En primer lugar, la repetición constante de este personaje en exposiciones colectivas y personales entre 2022 y lo que va de 2023 como «Mi amigo imaginario», «Dime con quién andas», «Las profecías de Súbito» y «Viaje infinito», demuestra el apego de Fernández a este alter ego y la fuerte conexión entre ellos. A través de Súbito, Rolo Fernández tiene la capacidad de explorar y representar diversas facetas de la realidad social cubana, una movida que es valiosa por su coherencia y su habilidad para desarrollar una narrativa constante.




Sin embargo, esta dependencia de un solo personaje (en su versión masculina o femenina) puede ser un arma de doble filo. Por un lado, Súbito es una forma efectiva y reconocible de expresar ideas y emociones complejas. Por otro lado, existe el peligro de caer en un estancamiento creativo. El riesgo de la reiteración es que puede limitar la expansión de las fronteras creativas de un artista, y puede también desafiar la capacidad de sorpresa o innovación hacia su público.




Además, aunque Súbito se haya convertido en un «muñequito» versátil capaz de navegar por diferentes escenarios y situaciones, existe el peligro de que su imagen se diluya o se convierta en un cliché si no se maneja con cuidado. El desafío para Fernández es mantener la relevancia y frescura de Súbito, asegurándose de que cada aparición del personaje añade algo nuevo y significativo a la conversación en lugar de simplemente repetir los mismos temas o ideas.




En mi opinión no especializada, aunque la constante presencia de Súbito en la obra de Fernández sea valiosa en términos de construir una narrativa coherente y en la representación de la realidad social de Cuba, es crucial que como artista siga explorando nuevas formas de expresión y desarrollo para su heterónimo y así evitar la reiteración incesante y el riesgo de estancamiento. Lo ha demostrado en muestras anteriores como aquella poco vista durante la pandemia «Anomalías de un cuento».




Por otra parte, la versatilidad de Rolo Fernández en el uso de técnicas y medios es evidente en la exposición. La coexistencia de dibujos sobre cartulina, acrílicos y óleos sobre lienzo, y piezas mixtas denota un repertorio ecléctico y versátil que permite al artista expresar su visión de manera variada y dinámica. Cada técnica trae consigo una experiencia estética única, y Fernández las aprovecha con ingenio para explorar las múltiples facetas de su alter ego, Súbito.
La obra curatorial de la exposición es meritoria por cómo logra hacer dialogar las distintas piezas en el espacio de la galería. Cada trabajo, aunque singular en su realización técnica, se siente parte de un todo coherente. El montaje está ejecutado de manera impecable, situando cada obra en un lugar específico que permite apreciarla en su individualidad y a la vez establecer relaciones con las otras piezas.


Sin embargo, a pesar de estos puntos fuertes, la exposición se ve perjudicada por una iluminación insuficiente en la galería. La luz es un factor crucial para apreciar las obras de arte, y una mala iluminación puede oscurecer detalles y colores, alterando la percepción del espectador. Las sutilezas de la técnica del dibujo, los vibrantes acrílicos y los profundos óleos, pueden perderse en la penumbra, afectando negativamente la apreciación del público. Es una lástima que una muestra tan bien curada y montada se vea empañada por este aspecto. Es un recordatorio esto, de que todos los aspectos de una exhibición, desde la creación de las obras hasta su presentación final, son importantes para permitir una apreciación completa y efectiva del arte.

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