Exposición “Distopía”, Duvier del Dago

Exposición Distopía

Duvier del Dago

11.04.2023

Galería Máxima

Había una vez un observador privilegiado, un testigo que se adentró en los recovecos de la mente de Duvier del Dago, un explorador del proceso creativo que dio vida a las obras que luego habitarían la galería Máxima. Este afortunado viajero del tiempo y el espacio fue testigo del nacimiento de ideas, de la metamorfosis de la materia y de la lenta y meticulosa gestación de las impresionantes esculturas y pinturas que encantarían a los visitantes en la noche inaugural.

El viaje comenzó en el reino del papel milimetrado, donde el artista delineaba con precisión las formas y estructuras que conformarían sus majestuosas medusas y los escenarios en los que se desplegarían. Aquí, en este universo de cuadrículas y líneas, Duvier del Dago encontraba el lenguaje secreto que le permitía comunicarse con la materia y dar forma a sus sueños. El testigo siguió al artista en su travesía por el mundo del dibujo, donde los trazos de su mano se convirtieron en la brújula que guiaba la transformación del acero, la madera, los cables y la seda en seres etéreos y paisajes de ensueño. El lápiz se deslizaba sobre el papel, delineando el mapa de un territorio desconocido, uniendo las piezas de un rompecabezas que solo él podía resolver.

Pero en esta odisea de creación, el artista no estaba solo. En su taller, rodeado de amigos y cómplices que compartían con él las horas y horas de trabajo, Duvier del Dago encontraba apoyo y camaradería, compañeros de viaje en su aventura hacia lo desconocido. Juntos, hilvanaban con paciencia y dedicación cada hilo que conformaba las esculturas, tejiendo un tapiz de luz y sombra que cobraría vida en la penumbra de la galería. La complicidad de estos amigos en el proceso creativo era el ingrediente secreto que daba a las obras de Duvier del Dago un brillo especial, un aura de amor y amistad que se percibía en cada detalle y en cada rincón de la exposición. El observador de este proceso, el viajero en el tiempo y el espacio, se sintió agradecido y honrado por haber sido parte de esta travesía, por haber acompañado al artista en su camino hacia la creación de un universo único y extraordinario.

En la penumbra de la noche, la galería Máxima se transformó en un portal a otro mundo, donde lo marino y lo tecnológico convergieron en una realidad paralela, orquestada por el talentoso artista. Al cruzar el umbral de la galería, los visitantes eran transportados a un universo de extrañas criaturas y paisajes, donde gigantescas medusas flotaban en un mar de luz ultravioleta y destellos fluorescentes, producto de la visión y habilidad del artista. Duvier del Dago, con la maestría de un alquimista, tejió un intrincado entramado, dando vida a estas sorprendentes esculturas que evocaban a medusas de proporciones colosales. La luz ultravioleta se filtraba por la galería, revelando pinturas sobre lienzo que parecían surgir de las profundidades del universo, con colores fluorescentes que brillaban en la oscuridad, reflejando la dualidad entre la naturaleza y la tecnología.

La obra de Duvier invitaba a los espectadores a explorar y reflexionar sobre la relación tóxica entre la humanidad y su entorno, así como sobre la necesidad de enfrentar el abismo de lo desconocido. Las imágenes en sus pinturas, enmarcadas en la misteriosa luminiscencia de la noche, representaban los avances tecnológicos del hombre y su deseo insaciable de dominio y control, sin importar el costo para el planeta y sus habitantes. Estos elementos coexistían con las inquietantes medusas, que parecían recordarnos nuestra íntima relación con la naturaleza y su compleja belleza, ahora en peligro de extinción. En este escenario, las fronteras entre lo real y lo imaginario se desdibujaban, permitiendo a los visitantes sumergirse en un mundo de fantasía y ciencia ficción. La exposición de Duvier en la galería Máxima se convirtió en una metáfora de la búsqueda humana por entender nuestro lugar en el cosmos y nuestra conexión con lo desconocido. Sus creaciones, suspendidas en la penumbra, nos recordaban la fragilidad de nuestra existencia y la importancia de preservar la diversidad y complejidad de la vida en todas sus manifestaciones.

La galería Máxima –celebrando un año más- se convirtió en un santuario donde lo terrenal y lo celestial se entrelazaban en una danza luminiscente, un testimonio de la habilidad de Duvier para crear un universo donde lo marino y lo tecnológico –en la muestra se incluye una pieza que representa una ciborg recargándose- coexistían en una simbiosis de luz y sombra. Aquellos que tuvieron la fortuna de presenciar esta exposición única, se llevaron consigo un recuerdo imborrable de una realidad alternativa, donde el arte trascendió las barreras del tiempo y el espacio, invitándonos a explorar y apreciar lo desconocido.

Al abandonar la galería, los visitantes llevaban consigo una mezcla de emociones: temor, tristeza, indignación, pero también esperanza. La exposición de Duvier del Dago no solo había sido una inmersión en un mundo distópico, sino también un llamado al cambio, una invitación a enfrentar nuestros miedos y a redescubrir nuestra conexión con la naturaleza y nuestro compromiso con el bienestar de nuestro hogar, el planeta Tierra. Y en esa noche de revelaciones y reflexiones, todos los presentes supieron que, aunque el futuro era incierto, la lucha por preservar la vida y la belleza en todas sus formas había cobrado un nuevo impulso, impulsado por la fuerza del arte y la creatividad.

Así, con el recuerdo de ese proceso creativo grabado en su memoria, el testigo se despidió de las medusas y los paisajes fluorescentes, de los amigos y cómplices que habían compartido con él la aventura de dar vida a lo desconocido. Y mientras se alejaba de la galería Máxima, no pudo evitar sentir que, en cierta medida, él también había dejado un pedacito de sí mismo en aquel universo de luz y sombra, en aquel mundo donde lo marino y lo tecnológico se entrelazaban en una danza eterna de creación y destrucción.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑