Exposición El Gran Chef (alias Patica de Pollo)
Rocío García
07.04.2023
El Apartamento
“La esclavitud… la sexual? o la otra? vaya, tú crees que de verdad eres libre? Kafka dijo que…Ñooo la cola del pollo hoy si está violenta!! si tengo que hacerla otra vez me suicido. Dónde estará ese tipo? Jamón de pavo? Yo nunca he comido eso, los perritos sí, por eso somos tan mansos. Respira brother!! qué te pasa tú? te quedaste dormido? dale asere métele a la sopa para que se te quite la resaca….”
La última exposición de Rocío García, «El Gran Chef (alias Patica de Pollo)», sumerge al espectador en un mundo distópico en el que seres humanoides, todos despojados de sus cabezas y algunos dotados de patas de gallina en lugar de pies, reflejan las complejas luchas de poder y los cambios sociales que caracterizan nuestra época. A través de una serie de lienzos impresionantes, García logra trazar paralelismos entre sus singulares criaturas y las sociedades actuales, incluida sin dudas la nuestra, ofreciendo una crítica aguda y penetrante de las jerarquías y desigualdades que nos rodean.


En las obras maestras de la exposición, «Saturnino I» y “Saturnino II”, García presenta a los miembros dominantes quienes ostentan cabezas y devoran sin piedad a los seres subyugados, simbolizando el poder opresivo de aquellos que controlan a la mayoría en las sociedades jerárquicas. Por otra parte, en el tríptico homónimo a la muestra, la dinámica de poder de los grupos se alterna. En una de las secciones humanoides mutantes con patas de gallina ejercen control sobre otro grupo de seres igualmente desfigurados y decapitados enjaulados, mientras que en el extremo de la pieza, son los primeros los que se ubican en posición de sumisión y control, al estar sentados en el piso y en grupos con las manos atadas a la espalda.


El uso de patas de gallina por parte de García funciona para mí como una metáfora visual de la inestabilidad y la precariedad que enfrentan aquellos que luchan por mantenerse en el poder. Las figuras decapitadas, por otro lado, pueden interpretarse como una representación de la deshumanización y la pérdida de identidad que experimentan los individuos en una sociedad cada vez más dominada por las luchas de poder y el control de unos pocos. Los lienzos de Rocío, cargados de simbolismo, también abordan la complejidad de los cambios sociales, sugiriendo que las transformaciones que experimentamos no siempre son lineales ni predecibles. La artista invita al espectador a reflexionar sobre las consecuencias de las dinámicas de poder y la resistencia a la opresión en un mundo en constante cambio.
La paleta de colores sombríos y la técnica meticulosa de García evocan un ambiente de desesperanza y desolación, mientras que la yuxtaposición de elementos orgánicos e inorgánicos en sus composiciones refuerza la sensación de alienación y desorientación. Esta exposición es un llamado a la reflexión sobre nuestra propia realidad, convocando a cuestionar nuestras estructuras sociales y las desigualdades inherentes a ellas.



Es esta una exposición audaz y provocadora, como a las que nos tiene acostumbrado esta profesora de generaciones, merecedora hace ya mucho tiempo del Premio Nacional de Artes Plásticas. A través de su enfoque distópico y su aguda crítica, García nos recuerda que el arte tiene el poder de revelar verdades incómodas y hacernos confrontar nuestras propias complicidades en la perpetuación de la desigualdad y la opresión.

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